Por: Luis Alarcón Ll.*
¿Qué hace clic en nuestra mente para que optemos por autoeliminarnos? ¿En que punto fronterizo entre el raciocinio y el descontrol se toma la decisión de irse uno de este mundo por propias manos? Con estas preguntas apabullo a un compañero de trabajo, psicólogo para más luces, y que debe de tener por lo menos aproximaciones a buenas respuestas.
Me advierte que entro en terreno fangoso. “Las personas arman sus propios relatos de su vida; todo lo que crees que es tu vida es un intricado de conexiones y respuestas. Cuando ves que no existen esas salidas de ningún modo, puede que se arribe a una decisión suicida”, me responde Nicolás Valle, director de Psicología de la casa superior de estudios donde laboro.
Entre enero a marzo se han quitado la vida 117 peruanos, de acuerdo a un informe del Instituto de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo. La depresión es la principal causa de estos suicidios, en un 75% de los casos. Motiva a la gente a suicidarse básicamente problemas sentimentales, en un 23.1%; dificultades conyugales, en un 16.2%; y conflictos familiares, en un 15.4%.
Tengo la suerte de trabajar con más psicólogos cerca de mí. Y una me dice que los intentos de suicidios están entre las cinco primeras causas de los problemas de salud mental que ha visibilizado la macroregión norte. Los otros cuatro son: violencia familiar, consumo de drogas y alcohol, depresión y ansiedad. No es raro postular que los cinco ítems se interrelacionen, me aclara.
Si el suicidio es condenado como un despropósito mayúsculo, en una sociedad cuyo valor per se es la vida, sí que ha sido enaltecido a lo largo de la historia con algunas experiencias relacionadas al patriotismo sobre todo (algunas sólo mito); y desde la literatura, con fines románticos: Romeo y Julieta, de Shakespeare, es el texto de amor fatal por antonomasia en esa línea.
De los recientes suicidas peruanos, 46 ha ingerido -en el fatal ejemplo shakesperiano- algún tóxico; los otros han buscado otras vías para irse de este mundo: 49 optaron por ahorcarse; 12 se dispararon a sí mismos; cinco se lanzaron del vacío y los cinco restantes usaron otros métodos no precisados. Los suicidas cada vez más son enamorados no correspondidos y son jóvenes. Vienen de familias en las que el amor quizás no fue ni bien explicado y ni bien ejemplificado, hijos, casi siempre, de matrimonios deshechos o disfuncionales.
Otra novedad: el 65% de los suicidas son varones; 35%, mujeres. “Sufrimos más; pero hacemos coraza ante situaciones extremas”, se enorgullece otra amiga, comunicadora y feminista. Discrepa el psicólogo “No es que nosotros suframos menos: las mujeres tienen una base psicobiológica distinta y mecanismos de expresión mejor a los hombres”. Trabajan todos cerca de mí.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Correo. Mostrar todas las entradas
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lunes, 23 de junio de 2008
Vuelva usted mañana
Por: Luis Alarcón Ll.*
El vigilante que se niega a atenderme en la Dirección de Trabajo y promoción del Empleo, maneja, mientras toma sus alimentos, cualquier argumento digno de un desentendido. Sólo traigo una invitación, nada más, le insisto. Pero él me hace un no con una mano y la cabeza; y dice que solo me atenderán en mesa de partes y que han salido; que me espere… o que mejor regrese.
La burocracia, la mala burocracia, es entendida como el recorrido tortuoso de un documento o expediente, o como el número de personas a las que se debe recurrir para un trámite. Unas veces, la burocracia es un proceso instaurado, formal, aun cuando se sepa que entrampa las cosas y genera costos; otras, es un ejercicio voluntario de dejadez tan coincidentemente practicado al interior de una organización que parece un proceso legítimo. En el Perú, ha acuñado un verbo, “pasear”: te “pasean” cuando te tienen de un lado a otro sin atenderte.
En el Perú hay lo uno y lo otro. Hernando de Soto, descubrió alguna vez que poner un negocio legal tomaba, en idas y vueltas, 289 días y suponía 1,231 dólares gringos. Un estudio del Banco Mundial demostró que los países más pobres son a su vez más burocráticos y puso, hace unos años, una lista negra que encabezaba Haití, seguido de Paraguay, Bolivia, Ecuador, Honduras y Brasil. Se trataba de burocracia instaurada.
La otra burocracia, la de tipo eventual, es peor. Al no saber alguien si se le atenderá en poco o mucho tiempo, si deberá quemar una o varias etapas hasta que se le atienda o tramite una solicitación, se crean climas de desconfianza, amén de modos “creativos” de corrupción de funcionarios, y fuga hacia la informalidad, y en casos extremos la inanición: “no me atienden rápido en el Seguro Social; por eso ni me veo de la columna, manita”, le escucho decir de una señora a otra, que espera a su hijo en la cabina de Internet desde donde escribo estas líneas.
Un estudio realizado por un conjunto de docentes de la universidad donde laboro y 62 alumnos, y que fue presentado en sociedad el viernes, mostró que en 68 pedidos de información a tres dependencias del Gobierno Regional hubo burocracia atosigante, innecesaria hasta en el 88% de los casos.
La burocracia no es un fenómeno nuevo. Cuenta un mito chino que uno de los emperadores que reinó en la Ciudad Prohibida, al verse cansado de que para él mismo llegar a sus edecanes y funcionarios tuviera que tomarle tantos caminos y puertas, ideó un sistema de acceso secreto por el cual estaba más rápido en el lugar indicado; y era así más feliz. Sacarle la vuelta a la burocracia. Ese es el mensaje que nos dejó el emperador, cuando mejor sería cortarla sin más por los sano.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
El vigilante que se niega a atenderme en la Dirección de Trabajo y promoción del Empleo, maneja, mientras toma sus alimentos, cualquier argumento digno de un desentendido. Sólo traigo una invitación, nada más, le insisto. Pero él me hace un no con una mano y la cabeza; y dice que solo me atenderán en mesa de partes y que han salido; que me espere… o que mejor regrese.
La burocracia, la mala burocracia, es entendida como el recorrido tortuoso de un documento o expediente, o como el número de personas a las que se debe recurrir para un trámite. Unas veces, la burocracia es un proceso instaurado, formal, aun cuando se sepa que entrampa las cosas y genera costos; otras, es un ejercicio voluntario de dejadez tan coincidentemente practicado al interior de una organización que parece un proceso legítimo. En el Perú, ha acuñado un verbo, “pasear”: te “pasean” cuando te tienen de un lado a otro sin atenderte.
En el Perú hay lo uno y lo otro. Hernando de Soto, descubrió alguna vez que poner un negocio legal tomaba, en idas y vueltas, 289 días y suponía 1,231 dólares gringos. Un estudio del Banco Mundial demostró que los países más pobres son a su vez más burocráticos y puso, hace unos años, una lista negra que encabezaba Haití, seguido de Paraguay, Bolivia, Ecuador, Honduras y Brasil. Se trataba de burocracia instaurada.
La otra burocracia, la de tipo eventual, es peor. Al no saber alguien si se le atenderá en poco o mucho tiempo, si deberá quemar una o varias etapas hasta que se le atienda o tramite una solicitación, se crean climas de desconfianza, amén de modos “creativos” de corrupción de funcionarios, y fuga hacia la informalidad, y en casos extremos la inanición: “no me atienden rápido en el Seguro Social; por eso ni me veo de la columna, manita”, le escucho decir de una señora a otra, que espera a su hijo en la cabina de Internet desde donde escribo estas líneas.
Un estudio realizado por un conjunto de docentes de la universidad donde laboro y 62 alumnos, y que fue presentado en sociedad el viernes, mostró que en 68 pedidos de información a tres dependencias del Gobierno Regional hubo burocracia atosigante, innecesaria hasta en el 88% de los casos.
La burocracia no es un fenómeno nuevo. Cuenta un mito chino que uno de los emperadores que reinó en la Ciudad Prohibida, al verse cansado de que para él mismo llegar a sus edecanes y funcionarios tuviera que tomarle tantos caminos y puertas, ideó un sistema de acceso secreto por el cual estaba más rápido en el lugar indicado; y era así más feliz. Sacarle la vuelta a la burocracia. Ese es el mensaje que nos dejó el emperador, cuando mejor sería cortarla sin más por los sano.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Y tu mamá también
Por: Luis Alarcón Ll.*
La madre, claro. La suya y la mía. También la de ellos. Hoy, mañana, siempre. Si es mujer, vale. Si es madre, vale doble. ¿Un discurso forzado? Nada que ver. Ni siquiera tiene que ver mucho con hoy domingo que se le celebra en específico. Se trata de considerar su función, su rol, como uno de los aglutinantes sociales más importantes de la especie. En sencillo, más allá de su papel reproductivo, el formativo y seguidor de su propia prole, sin madres, se sabe, la especie no funcionara como lo hace.
De esta amplitud de madres universales, la peruana –entre las latinoamericanas incluso- es sui géneris. La madre nacional ha pasado, en poco tiempo, de la dedicación exclusiva a sus hijos, a trabajos fuera del hogar sin permitirse el descuido de los suyos. Ha conseguido deshacerse de complejos como el de la inviabilidad de su soltería para tener hijos. Se ha procurado derechos ciudadanos –que siempre mereció- y hoy es política tan o más contundente que los propios varones, y con una honestidad mayor aun.
Un poco de este perfil de madre peruana en cifras: Una mujer jefatura el promedio de las 7`271,387 viviendas nacionales, aunque el estudio de ENDES Continua a 2004, sólo atribuye una cuarta parte a su custodia. Hoy la peruana tiene menos hijos que hace cuatro décadas, de casi siete hijos por madre a entonces hoy apenas se anima a lo mucho a tres. En el Congreso la participación ha crecido 20% desde 1990: de 14 congresistas mujeres que existían en los 90 (5.8%), ahora contamos con 35 (29.16%).
No todo, sin embargo, es color de rosa para las madres peruanas. Por cuestiones de discriminación a su género, resulta más golpeada en todas las lacras. Por ejemplo, la pobreza y el desempleo (baste decir que en el primer trimestre de 2007 sólo en Lima el desempleo afectó al 11,1% de la PEA femenina y al 8,7% de la masculina). Y aun es alto el índice de embarazos no deseados ligados a una cultura no cimentada en prevención: menos de la mitad de las peruanas emparejadas se cuida con anticonceptivos. Esto se conecta a que no pocas una vez embarazadas optan por no dar a luz: De acuerdo a Delicia Ferrnado (2004), al año se producen más de 410 mil abortos clandestinos en el país, una cifra in crescendo
También se hace madre más joven cada vez; sólo el 2004, el 12.7% de adolescentes de entre 15 a 19 años estuvo embarazada alguna vez. (cifra que baja a 9.5% en la ciudad, pero que aumenta en zonas rurales a 20.3%.).
Pero una vez madre, la peruana se aferra a su condición de tal. Quiere a los suyos más que a sí misma, extiende los presupuestos bajísimos de la canasta familiar, y perpetúa su cariño, hacia los nietos, por encima de sus hijos a los que además cobija en su casa más allá de cualquier edad promedio en el mundo. ¿No son acaso unas joyas?
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
La madre, claro. La suya y la mía. También la de ellos. Hoy, mañana, siempre. Si es mujer, vale. Si es madre, vale doble. ¿Un discurso forzado? Nada que ver. Ni siquiera tiene que ver mucho con hoy domingo que se le celebra en específico. Se trata de considerar su función, su rol, como uno de los aglutinantes sociales más importantes de la especie. En sencillo, más allá de su papel reproductivo, el formativo y seguidor de su propia prole, sin madres, se sabe, la especie no funcionara como lo hace.
De esta amplitud de madres universales, la peruana –entre las latinoamericanas incluso- es sui géneris. La madre nacional ha pasado, en poco tiempo, de la dedicación exclusiva a sus hijos, a trabajos fuera del hogar sin permitirse el descuido de los suyos. Ha conseguido deshacerse de complejos como el de la inviabilidad de su soltería para tener hijos. Se ha procurado derechos ciudadanos –que siempre mereció- y hoy es política tan o más contundente que los propios varones, y con una honestidad mayor aun.
Un poco de este perfil de madre peruana en cifras: Una mujer jefatura el promedio de las 7`271,387 viviendas nacionales, aunque el estudio de ENDES Continua a 2004, sólo atribuye una cuarta parte a su custodia. Hoy la peruana tiene menos hijos que hace cuatro décadas, de casi siete hijos por madre a entonces hoy apenas se anima a lo mucho a tres. En el Congreso la participación ha crecido 20% desde 1990: de 14 congresistas mujeres que existían en los 90 (5.8%), ahora contamos con 35 (29.16%).
No todo, sin embargo, es color de rosa para las madres peruanas. Por cuestiones de discriminación a su género, resulta más golpeada en todas las lacras. Por ejemplo, la pobreza y el desempleo (baste decir que en el primer trimestre de 2007 sólo en Lima el desempleo afectó al 11,1% de la PEA femenina y al 8,7% de la masculina). Y aun es alto el índice de embarazos no deseados ligados a una cultura no cimentada en prevención: menos de la mitad de las peruanas emparejadas se cuida con anticonceptivos. Esto se conecta a que no pocas una vez embarazadas optan por no dar a luz: De acuerdo a Delicia Ferrnado (2004), al año se producen más de 410 mil abortos clandestinos en el país, una cifra in crescendo
También se hace madre más joven cada vez; sólo el 2004, el 12.7% de adolescentes de entre 15 a 19 años estuvo embarazada alguna vez. (cifra que baja a 9.5% en la ciudad, pero que aumenta en zonas rurales a 20.3%.).
Pero una vez madre, la peruana se aferra a su condición de tal. Quiere a los suyos más que a sí misma, extiende los presupuestos bajísimos de la canasta familiar, y perpetúa su cariño, hacia los nietos, por encima de sus hijos a los que además cobija en su casa más allá de cualquier edad promedio en el mundo. ¿No son acaso unas joyas?
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Tres tristes tigres
Por: Luis Alarcón Ll.*
Son grandes y sus públicos, los ven con admiración. Desde su pedestal de figuras luminosas, la vida del resto de mortales es acaso una experiencia inacabada, fofa, poco atractiva. Entonces la suya la han rehecho con ayudaditas de mucho alcohol, estupefacientes, y otras sustancias que al final han terminado por destruirlos de a pocos. Los últimos quince días el mundo y el país, han recibido la lamentable noticia de que tres de sus ídolos mayores, procedentes de distintas canteras -el pop, la literatura y le fútbol- se han caído fuerte. Y como estaban muy alto, mucho más dura ha sido la caída para Britney Spears, Alfredo Bryce Echenique y Diego Armando Maradona.
Rubia a lo barbie, pininos en el Club de Mickey Mouse, la princesa del Pop –voceada como heredera de la Reina, Madonna, con quien se besó para el escándalo en un show del MTV- inició su carrera adolescente en 1999. Sexy, pero con la voz a medias, la Spears ha vendido 100 millones de álbumes, y se ha llevado varios Grammys a su mansión en Manhattan. Parte de sus millonarias entradas las ha usado en procurarse bodas y divorcios vertiginosos, salidas nocturnas a las discos más in, y los últimos ocho meses, en terapias de rehabilitación por drogas y alcohol. Hace unos días confesó que su cruz la llevó por dentro desde los 16 cuando se inició en una práctica nefasta: la bulimia.
Bryce (Lima, 1930). Peruano de exportación. Autor de libros impostergables como Un Mundo para Julios. Dipsómano confeso con vodka en mano. El escritor ha caído en desgracia mayúscula, cuando, pruebas al canto, ha sido desenmascarado como un plagiador de líneas mayores, y un tonto menor, porque ese ejercicio, el de plagiar nada menos que en El Comercio, se esperaba a estas alturas de su partido en las letras, de quienquiera con menos inteligencia para creer que en tiempos de comunicación en tiempo real y al golpe de un clic del mouse iba a pasar piola sin que nunca se le descubriese. Pero el hiriente se ha mostrado herido: ha renunciado al diario que lo acogió y ha anunciado que luego dará explicaciones. Tendrán que ser muy buenas.
"El Diez" o "Pelusa" es considerado el mejor jugador del Siglo según votación realizada en la web de la FIFA. Mundial Juvenil de 1979, y Copa Mundial de 1986, Maradona pasó del Boca al Milan y cruzó charco y superó pobreza. Procedente de un barrio menor, chiquito nomás, el Diego se hizo grande desde el balón. Nadie lo bailaba tan bien como él en una Argentina donde el fútbol te puede llevar bien alto. Pero a él la cocaína lo llevó bien bajo. Retirado de la blanca, hace unos días se supo que recayó por enésima vez. Su médico ha dicho otra cosa. Nadie le cree ya, como en la fábula del lobo.
¿Por qué ocuparnos de estas tristes tres grandes caídas (o recaídas)? Porque se trata de ídolos y lo que hagan tienen una repercusión en quienes los admiran, les siguen sus huellas, los ven como ejemplo. O los vieron al menos.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Son grandes y sus públicos, los ven con admiración. Desde su pedestal de figuras luminosas, la vida del resto de mortales es acaso una experiencia inacabada, fofa, poco atractiva. Entonces la suya la han rehecho con ayudaditas de mucho alcohol, estupefacientes, y otras sustancias que al final han terminado por destruirlos de a pocos. Los últimos quince días el mundo y el país, han recibido la lamentable noticia de que tres de sus ídolos mayores, procedentes de distintas canteras -el pop, la literatura y le fútbol- se han caído fuerte. Y como estaban muy alto, mucho más dura ha sido la caída para Britney Spears, Alfredo Bryce Echenique y Diego Armando Maradona.
Rubia a lo barbie, pininos en el Club de Mickey Mouse, la princesa del Pop –voceada como heredera de la Reina, Madonna, con quien se besó para el escándalo en un show del MTV- inició su carrera adolescente en 1999. Sexy, pero con la voz a medias, la Spears ha vendido 100 millones de álbumes, y se ha llevado varios Grammys a su mansión en Manhattan. Parte de sus millonarias entradas las ha usado en procurarse bodas y divorcios vertiginosos, salidas nocturnas a las discos más in, y los últimos ocho meses, en terapias de rehabilitación por drogas y alcohol. Hace unos días confesó que su cruz la llevó por dentro desde los 16 cuando se inició en una práctica nefasta: la bulimia.
Bryce (Lima, 1930). Peruano de exportación. Autor de libros impostergables como Un Mundo para Julios. Dipsómano confeso con vodka en mano. El escritor ha caído en desgracia mayúscula, cuando, pruebas al canto, ha sido desenmascarado como un plagiador de líneas mayores, y un tonto menor, porque ese ejercicio, el de plagiar nada menos que en El Comercio, se esperaba a estas alturas de su partido en las letras, de quienquiera con menos inteligencia para creer que en tiempos de comunicación en tiempo real y al golpe de un clic del mouse iba a pasar piola sin que nunca se le descubriese. Pero el hiriente se ha mostrado herido: ha renunciado al diario que lo acogió y ha anunciado que luego dará explicaciones. Tendrán que ser muy buenas.
"El Diez" o "Pelusa" es considerado el mejor jugador del Siglo según votación realizada en la web de la FIFA. Mundial Juvenil de 1979, y Copa Mundial de 1986, Maradona pasó del Boca al Milan y cruzó charco y superó pobreza. Procedente de un barrio menor, chiquito nomás, el Diego se hizo grande desde el balón. Nadie lo bailaba tan bien como él en una Argentina donde el fútbol te puede llevar bien alto. Pero a él la cocaína lo llevó bien bajo. Retirado de la blanca, hace unos días se supo que recayó por enésima vez. Su médico ha dicho otra cosa. Nadie le cree ya, como en la fábula del lobo.
¿Por qué ocuparnos de estas tristes tres grandes caídas (o recaídas)? Porque se trata de ídolos y lo que hagan tienen una repercusión en quienes los admiran, les siguen sus huellas, los ven como ejemplo. O los vieron al menos.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Querer a morir(se)
Por: Luis Alarcón Ll.*
¿Qué hace clic en nuestra mente para que optemos por autoeliminarnos? ¿En que punto fronterizo entre el raciocinio y el descontrol se toma la decisión de irse uno de este mundo por propias manos? Con estas preguntas apabullo a un compañero de trabajo, psicólogo para más luces, y que debe de tener por lo menos aproximaciones a buenas respuestas.
Me advierte que entro en terreno fangoso. “Las personas arman sus propios relatos de su vida; todo lo que crees que es tu vida es un intricado de conexiones y respuestas. Cuando ves que no existen esas salidas de ningún modo, puede que se arribe a una decisión suicida”, me responde Nicolás Valle, director de Psicología de la casa superior de estudios donde laboro.
Entre enero a marzo se han quitado la vida 117 peruanos, de acuerdo a un informe del Instituto de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo. La depresión es la principal causa de estos suicidios, en un 75% de los casos. Motiva a la gente a suicidarse básicamente problemas sentimentales, en un 23.1%; dificultades conyugales, en un 16.2%; y conflictos familiares, en un 15.4%.
Tengo la suerte de trabajar con más psicólogos cerca de mí. Y una me dice que los intentos de suicidios están entre las cinco primeras causas de los problemas de salud mental que ha visibilizado la macroregión norte. Los otros cuatro son: violencia familiar, consumo de drogas y alcohol, depresión y ansiedad. No es raro postular que los cinco ítems se interrelacionen, me aclara.
Si el suicidio es condenado como un despropósito mayúsculo, en una sociedad cuyo valor per se es la vida, sí que ha sido enaltecido a lo largo de la historia con algunas experiencias relacionadas al patriotismo sobre todo (algunas sólo mito); y desde la literatura, con fines románticos: Romeo y Julieta, de Shakespeare, es el texto de amor fatal por antonomasia en esa línea.
De los recientes suicidas peruanos, 46 ha ingerido -en el fatal ejemplo shakesperiano- algún tóxico; los otros han buscado otras vías para irse de este mundo: 49 optaron por ahorcarse; 12 se dispararon a sí mismos; cinco se lanzaron del vacío y los cinco restantes usaron otros métodos no precisados. Los suicidas cada vez más son enamorados no correspondidos y son jóvenes. Vienen de familias en las que el amor quizás no fue ni bien explicado y ni bien ejemplificado, hijos, casi siempre, de matrimonios deshechos o disfuncionales.
Otra novedad: el 65% de los suicidas son varones; 35%, mujeres. “Sufrimos más; pero hacemos coraza ante situaciones extremas”, se enorgullece otra amiga, comunicadora y feminista. Discrepa el psicólogo “No es que nosotros suframos menos: las mujeres tienen una base psicobiológica distinta y mecanismos de expresión mejor a los hombres”. Trabajan todos cerca de mí.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
¿Qué hace clic en nuestra mente para que optemos por autoeliminarnos? ¿En que punto fronterizo entre el raciocinio y el descontrol se toma la decisión de irse uno de este mundo por propias manos? Con estas preguntas apabullo a un compañero de trabajo, psicólogo para más luces, y que debe de tener por lo menos aproximaciones a buenas respuestas.
Me advierte que entro en terreno fangoso. “Las personas arman sus propios relatos de su vida; todo lo que crees que es tu vida es un intricado de conexiones y respuestas. Cuando ves que no existen esas salidas de ningún modo, puede que se arribe a una decisión suicida”, me responde Nicolás Valle, director de Psicología de la casa superior de estudios donde laboro.
Entre enero a marzo se han quitado la vida 117 peruanos, de acuerdo a un informe del Instituto de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo. La depresión es la principal causa de estos suicidios, en un 75% de los casos. Motiva a la gente a suicidarse básicamente problemas sentimentales, en un 23.1%; dificultades conyugales, en un 16.2%; y conflictos familiares, en un 15.4%.
Tengo la suerte de trabajar con más psicólogos cerca de mí. Y una me dice que los intentos de suicidios están entre las cinco primeras causas de los problemas de salud mental que ha visibilizado la macroregión norte. Los otros cuatro son: violencia familiar, consumo de drogas y alcohol, depresión y ansiedad. No es raro postular que los cinco ítems se interrelacionen, me aclara.
Si el suicidio es condenado como un despropósito mayúsculo, en una sociedad cuyo valor per se es la vida, sí que ha sido enaltecido a lo largo de la historia con algunas experiencias relacionadas al patriotismo sobre todo (algunas sólo mito); y desde la literatura, con fines románticos: Romeo y Julieta, de Shakespeare, es el texto de amor fatal por antonomasia en esa línea.
De los recientes suicidas peruanos, 46 ha ingerido -en el fatal ejemplo shakesperiano- algún tóxico; los otros han buscado otras vías para irse de este mundo: 49 optaron por ahorcarse; 12 se dispararon a sí mismos; cinco se lanzaron del vacío y los cinco restantes usaron otros métodos no precisados. Los suicidas cada vez más son enamorados no correspondidos y son jóvenes. Vienen de familias en las que el amor quizás no fue ni bien explicado y ni bien ejemplificado, hijos, casi siempre, de matrimonios deshechos o disfuncionales.
Otra novedad: el 65% de los suicidas son varones; 35%, mujeres. “Sufrimos más; pero hacemos coraza ante situaciones extremas”, se enorgullece otra amiga, comunicadora y feminista. Discrepa el psicólogo “No es que nosotros suframos menos: las mujeres tienen una base psicobiológica distinta y mecanismos de expresión mejor a los hombres”. Trabajan todos cerca de mí.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Poca cancha la de Canchaya
Por: Luis Alarcón Ll.*
Elsa Canchaya, congresista de la República, se dice inocente. Después de conocerse su escándalo, en su defensa postergada -para limpiarse de las acusaciones de haber empleado como asesora a su doméstica de años- ha aludido más bien actitudes y no razones. Dice que la persiguen y se la agarran con ella y la pobre chica porque es empleada del hogar, humilde y no una mujer bonita… y otras falacias tan o más insulsas.
Representante de Junín, Canchaya a todas luces ha cometido una torpeza de iniciada que no parece condecirse con las habilidades que por lo menos tuvo que tener para ser por varios años notaria en su alturas. Emplea a Jacqueline Simón Vicente como asesora en temas de titulación de tierras, y luego pide unos días a la comisión de ética para preparar su defensa; al enfrentar al Parlamento no tiene respuestas para precisar qué clase de consejo le puede dar una humilde mujer sin mayor instrucción, y que finalmente es otra oficina la que contrata al personal, y que allí debieron filtrar a su doméstica de cabecera.
Los perspicaces ven en la contratación a la doméstica una suerte de arreglo bajo la mesa: en realidad el destino del sueldo no sería para la empleada. A Canchaya la payasada-jugada le puede costar más caro que la expulsión de su partido, el PPC, y su renuncia presionada como titular de la Comisión de Vivienda del Parlamento. Las acusaciones en su contra se prevén en el Código Penal, en artículos cuyos números debe recordar como abogada (381, 438,196) y cuyo detalle no es necesario precisar, si lo reducimos en que se traducen en multas y simplemente cárcel.
De acuerdo al barómetro global de Transparencia Internacional sobre percepción de corrupción por sectores, en el Perú, los mismos peruanos ubicamos a los congresistas con 4,3 puntos en promedio en una escala donde 1 es nada y 5 es lo máximo. En el país, la corrupción a nivel de parlamento es vista como una de las dos más altas solo antecedida por la que en primer término ocurriría en el Poder Judicial.
Uno de mis jefes, en conversaciones sobre el caso Canchaya me recuerda que en la política y los políticos la tentación por la corrupción termina por hacerles ceder y me resume un chiste que retrata, con las licencias obvias del humor, lo que pudiera ser una exageración: Un hombre busca en un amigo un trabajo para su hijo, más bien sin currículo. El político le dice que no hay problema, que le da puesto de asesor con 10,000 soles de sueldo; al amigo le parece excesivo y le pide algo más modesto. El político le dice que… “como funcionario”, y que ganará entre 4,000 a 5,000 soles. “Aun es mucho para él, la verdad –insiste el amigo-, si mi hijo apenas tiene estudios… mejor un trabajito menor, por ejemplo en logística o en almacén”. Y el político lo corta sin miramientos: “Ah no, no. Para esos casos se entra por concurso, caramba”.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Elsa Canchaya, congresista de la República, se dice inocente. Después de conocerse su escándalo, en su defensa postergada -para limpiarse de las acusaciones de haber empleado como asesora a su doméstica de años- ha aludido más bien actitudes y no razones. Dice que la persiguen y se la agarran con ella y la pobre chica porque es empleada del hogar, humilde y no una mujer bonita… y otras falacias tan o más insulsas.
Representante de Junín, Canchaya a todas luces ha cometido una torpeza de iniciada que no parece condecirse con las habilidades que por lo menos tuvo que tener para ser por varios años notaria en su alturas. Emplea a Jacqueline Simón Vicente como asesora en temas de titulación de tierras, y luego pide unos días a la comisión de ética para preparar su defensa; al enfrentar al Parlamento no tiene respuestas para precisar qué clase de consejo le puede dar una humilde mujer sin mayor instrucción, y que finalmente es otra oficina la que contrata al personal, y que allí debieron filtrar a su doméstica de cabecera.
Los perspicaces ven en la contratación a la doméstica una suerte de arreglo bajo la mesa: en realidad el destino del sueldo no sería para la empleada. A Canchaya la payasada-jugada le puede costar más caro que la expulsión de su partido, el PPC, y su renuncia presionada como titular de la Comisión de Vivienda del Parlamento. Las acusaciones en su contra se prevén en el Código Penal, en artículos cuyos números debe recordar como abogada (381, 438,196) y cuyo detalle no es necesario precisar, si lo reducimos en que se traducen en multas y simplemente cárcel.
De acuerdo al barómetro global de Transparencia Internacional sobre percepción de corrupción por sectores, en el Perú, los mismos peruanos ubicamos a los congresistas con 4,3 puntos en promedio en una escala donde 1 es nada y 5 es lo máximo. En el país, la corrupción a nivel de parlamento es vista como una de las dos más altas solo antecedida por la que en primer término ocurriría en el Poder Judicial.
Uno de mis jefes, en conversaciones sobre el caso Canchaya me recuerda que en la política y los políticos la tentación por la corrupción termina por hacerles ceder y me resume un chiste que retrata, con las licencias obvias del humor, lo que pudiera ser una exageración: Un hombre busca en un amigo un trabajo para su hijo, más bien sin currículo. El político le dice que no hay problema, que le da puesto de asesor con 10,000 soles de sueldo; al amigo le parece excesivo y le pide algo más modesto. El político le dice que… “como funcionario”, y que ganará entre 4,000 a 5,000 soles. “Aun es mucho para él, la verdad –insiste el amigo-, si mi hijo apenas tiene estudios… mejor un trabajito menor, por ejemplo en logística o en almacén”. Y el político lo corta sin miramientos: “Ah no, no. Para esos casos se entra por concurso, caramba”.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Odiar a matar(los)
Por: Luis Alarcón Ll.*
Un tristísimo como ilógico suceso acaecido el lunes último, la masacre en Virginia Tech, nos da coincidentemente para una suerte de secuela del artículo que el domingo pasado vestía esta página, en este mismo lado izquierdo y con la misma foto (del autor) que lo encabeza. Lo titulé Querer a morir(se); tocaba los suicidios y sus complejos móviles. Hoy queremos lo mismo con los homicidios, y no los cortos en número, sino más bien los grandes en tamaño, los genocidios.
No tengo ahora a tanto psicólogo cerca para molestarlos otra vez con cuestiones como: ¿Qué lleva a un individuo más bien de mediana proyección a procurar un baño de sangre ajena? ¿En que punto se endiosa como para que –con una autoridad estúpida e ilusa- se faculte una matanza a mansalva? ¿Por qué nadie (psicólogos, consejeros, familia) vio su evolución perniciosa a tiempo de arrancarle sus ganas sangrientas y evitar desenlaces fatales?
Una especialista, coordinadora de internados de psicología, me auxilia: “Son simplemente sujetos con serias, bien serias, dificultades de adaptación, y que buscan con las muertes de otros justificar su poco o nulo éxito en la vida, por lo demás, a veces sólo percibidos por ellos”.
Reviso casos. Veo que a lo largo de la historia hay por lo menos dos tipos. Están los genocidas abiertos, visibles. Son casi una especie en extinción. Y los ampara o amparó el poder político, que podían ejercerlo con los límites que solos se los daban ellos mismos o algún otro que les dijo basta por vía igual de violenta. De Atila a Hitler, de Calígula a Duvalier, hay varios ejemplos nefastos de tipos terribles, enfermos en su ilusión todopoderosa. Tiranos al fin y cabo.
Los otros son los de perfil bajo. La “autoridad” para ajusticiar con sus manos a un colectivo la han abrazado secretamente hasta que el secreto les ocupa más espacio en las entrañas de lo que éstas pueden albergar. Entonces estallan y en su estallido figurativo se llevan a buena parte de inocentes. Han existido siempre, pero en la edad contemporánea y los últimos siglos su número se ha potenciado gracias a los avances en tecnología bélica, por un lado, y a una sociedad más encriptada en su socialización, por otro.
Casi todos son hombres (Richard Angelo, Gary León Ridway, Jeffrey Dammer; ahora mismo, Cho Seung-Hui); muy pocas, mujeres (Erzebeth Bathory, Charlote Bryant). En los asesinos al acecho, las vías pueden ser 1) los crímenes sucesivos que se juntan como trofeos de guerra, tal como el Carnicero de Milwaukee que inducía al sexo a muchachos, los mataba y los comía luego; o 2) la matanza intempestiva, como la de este último sur coreano que en un desvarío atroz, que nadie habría querido que se concretase, puso el récord de crímenes a estudiantes con 33 universitarios muertos de un queco.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Un tristísimo como ilógico suceso acaecido el lunes último, la masacre en Virginia Tech, nos da coincidentemente para una suerte de secuela del artículo que el domingo pasado vestía esta página, en este mismo lado izquierdo y con la misma foto (del autor) que lo encabeza. Lo titulé Querer a morir(se); tocaba los suicidios y sus complejos móviles. Hoy queremos lo mismo con los homicidios, y no los cortos en número, sino más bien los grandes en tamaño, los genocidios.
No tengo ahora a tanto psicólogo cerca para molestarlos otra vez con cuestiones como: ¿Qué lleva a un individuo más bien de mediana proyección a procurar un baño de sangre ajena? ¿En que punto se endiosa como para que –con una autoridad estúpida e ilusa- se faculte una matanza a mansalva? ¿Por qué nadie (psicólogos, consejeros, familia) vio su evolución perniciosa a tiempo de arrancarle sus ganas sangrientas y evitar desenlaces fatales?
Una especialista, coordinadora de internados de psicología, me auxilia: “Son simplemente sujetos con serias, bien serias, dificultades de adaptación, y que buscan con las muertes de otros justificar su poco o nulo éxito en la vida, por lo demás, a veces sólo percibidos por ellos”.
Reviso casos. Veo que a lo largo de la historia hay por lo menos dos tipos. Están los genocidas abiertos, visibles. Son casi una especie en extinción. Y los ampara o amparó el poder político, que podían ejercerlo con los límites que solos se los daban ellos mismos o algún otro que les dijo basta por vía igual de violenta. De Atila a Hitler, de Calígula a Duvalier, hay varios ejemplos nefastos de tipos terribles, enfermos en su ilusión todopoderosa. Tiranos al fin y cabo.
Los otros son los de perfil bajo. La “autoridad” para ajusticiar con sus manos a un colectivo la han abrazado secretamente hasta que el secreto les ocupa más espacio en las entrañas de lo que éstas pueden albergar. Entonces estallan y en su estallido figurativo se llevan a buena parte de inocentes. Han existido siempre, pero en la edad contemporánea y los últimos siglos su número se ha potenciado gracias a los avances en tecnología bélica, por un lado, y a una sociedad más encriptada en su socialización, por otro.
Casi todos son hombres (Richard Angelo, Gary León Ridway, Jeffrey Dammer; ahora mismo, Cho Seung-Hui); muy pocas, mujeres (Erzebeth Bathory, Charlote Bryant). En los asesinos al acecho, las vías pueden ser 1) los crímenes sucesivos que se juntan como trofeos de guerra, tal como el Carnicero de Milwaukee que inducía al sexo a muchachos, los mataba y los comía luego; o 2) la matanza intempestiva, como la de este último sur coreano que en un desvarío atroz, que nadie habría querido que se concretase, puso el récord de crímenes a estudiantes con 33 universitarios muertos de un queco.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Harvard dixit
Por: Luis Alarcón Ll.*
Si bien la noticia no ha tenido por estos lares el revuelo que merece (porque, entre otras razones los valores noticiosos son, por acá, otros), tarde o temprano terminará afectando lo académico: Harvard, sino la más tradicional, sí la más prestigiosa universidad de los EE.EE. y una de las más más del mundo, acaba de anunciar un cambio en su plan de estudios; nada menos que por primera vez en tres décadas.
La reestructuración de su currículo, responde a que “una persona educada debería tener un cierto conjunto de capacidades: interpretativas, de resolución de problemas y capacidades críticas para ayudarles a atravesar el mundo", ha explicado Alison Simmons, copresidenta de un panel ad hoc.
La educación en general y la universidad en particular han cambiado bastante desde que aparecieron como consecuciones en la historia del ser humano. Los cambios rara vez han sido dramáticos. Más bien lentos y progresivos. Hoy cuesta mirar atrás, por ejemplo, y saber que los profesores de menores (pedagogos), fueran en la Grecia clásica, simplemente esclavos.
La universidad ha cambiado también. Y mucho. Sólo desde sus planes de estudios, por ejemplo, la universidad medieval, apenas naciente y por varios siglos, consideraba dos grandes áreas del saber agrupadas en el trivium y el cuatrivium. El primer bloque correspondía a tres subáreas de letras: gramática, retórica y dialéctica; y el cuatrivium, a cuatro ciencias: música, álgebra, geometría y astronomía. Hoy casi ningún académico metería a la música en el saco de las ciencias; y a la astronomía, la movería hacia las especializaciones.
Graciela Risco, médico y autoridad universitaria de la Universidad Peruana de Ciencias nos hablaba, alguna vez, cómo la enseñanza universitaria ha cambiado en todo, no sólo en planes curriculares: “en métodos, en dimensiones (la idea del campus se desagregó), en llegada social (se democratizó) y en sus relaciones de mercado (las oficinas de marketing de las universidades prácticamente no existían hace 20 años)”
Maria Teresa Quiroz, Presidenta de la Federación Latinoamericana de Facultades de Ciencias de la Comunicación, reflexionaba sobre los currículos cambiantes. “Cambiamos tantas veces de planes de estudio como respuesta a los entornos cambiantes; pero debemos llegar a fórmulas para que esos cambios sean más flexibles”, sentaba. Me cuentan que una escuela académica de una universidad en Trujillo maneja en paralelo… ¡cinco planes curriculares!
Pero Harvard es Harvard. Y que los cambios se hagan en su seno mueven el avispero. “Todo lo que sucede allí tiene efectos a lo largo y ancho del mundo académico”, analiza Rebecca Knight, del diario El Universal de México.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Si bien la noticia no ha tenido por estos lares el revuelo que merece (porque, entre otras razones los valores noticiosos son, por acá, otros), tarde o temprano terminará afectando lo académico: Harvard, sino la más tradicional, sí la más prestigiosa universidad de los EE.EE. y una de las más más del mundo, acaba de anunciar un cambio en su plan de estudios; nada menos que por primera vez en tres décadas.
La reestructuración de su currículo, responde a que “una persona educada debería tener un cierto conjunto de capacidades: interpretativas, de resolución de problemas y capacidades críticas para ayudarles a atravesar el mundo", ha explicado Alison Simmons, copresidenta de un panel ad hoc.
La educación en general y la universidad en particular han cambiado bastante desde que aparecieron como consecuciones en la historia del ser humano. Los cambios rara vez han sido dramáticos. Más bien lentos y progresivos. Hoy cuesta mirar atrás, por ejemplo, y saber que los profesores de menores (pedagogos), fueran en la Grecia clásica, simplemente esclavos.
La universidad ha cambiado también. Y mucho. Sólo desde sus planes de estudios, por ejemplo, la universidad medieval, apenas naciente y por varios siglos, consideraba dos grandes áreas del saber agrupadas en el trivium y el cuatrivium. El primer bloque correspondía a tres subáreas de letras: gramática, retórica y dialéctica; y el cuatrivium, a cuatro ciencias: música, álgebra, geometría y astronomía. Hoy casi ningún académico metería a la música en el saco de las ciencias; y a la astronomía, la movería hacia las especializaciones.
Graciela Risco, médico y autoridad universitaria de la Universidad Peruana de Ciencias nos hablaba, alguna vez, cómo la enseñanza universitaria ha cambiado en todo, no sólo en planes curriculares: “en métodos, en dimensiones (la idea del campus se desagregó), en llegada social (se democratizó) y en sus relaciones de mercado (las oficinas de marketing de las universidades prácticamente no existían hace 20 años)”
Maria Teresa Quiroz, Presidenta de la Federación Latinoamericana de Facultades de Ciencias de la Comunicación, reflexionaba sobre los currículos cambiantes. “Cambiamos tantas veces de planes de estudio como respuesta a los entornos cambiantes; pero debemos llegar a fórmulas para que esos cambios sean más flexibles”, sentaba. Me cuentan que una escuela académica de una universidad en Trujillo maneja en paralelo… ¡cinco planes curriculares!
Pero Harvard es Harvard. Y que los cambios se hagan en su seno mueven el avispero. “Todo lo que sucede allí tiene efectos a lo largo y ancho del mundo académico”, analiza Rebecca Knight, del diario El Universal de México.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Este mundo va
Por: Luis Alarcón Ll.*
Buena parte de los grandes cambios de percepción y reacción que se viven hoy en día se deben a la Internet, a lo digital, lo virtual. Si el mundo no es más tan “inmóvil” como hasta 50 años o cien, allí hay una causa… o un culpable. Las formas de convivencia, la tecnología, las relaciones personales y las institucionales fluyen y se superponen de un modo como en ningún otro periodo de la historia, y de eso apenas estamos siendo concientes porque todo, precisamente, ocurre tan rápido que apenas nos da tiempo para la reflexión.
Un informe de enero de 2007 de la consultora de tendencias online e-Marketer, nos datea que unas mil ochenta millones de personas navegan por Internet en todo el planeta. Eso es el 16.6% de la población mundial. EE.UU va a la cabeza en número de usuarios, y es uno de los países que lidera también en cifras relativas; aunque Corea del sur con el 70.5% de su población sea el país que porcentualmente más se conecte a la red. En realidad, la media porcentual para los que no están en récord (la lista se centra en 15 países) es de 16.6%. Perú está en ese “los otros”, y tiene según Osiptel, un 17% de usuarios en relación a la población nacional.
Pero la reflexión va por otro lado: cómo la Internet y todo lo que ello significa influye y ha determinado toda la existencia de ese amplio casi 83% mundial, y también nacional, que aun no tiene acceso o simplemente no usa la red. O sea en otras palabras: la red penetró incluso ya la estructura social de una mayoría de humanos a partir de una minoría. Paradójico.
Hace unos días, en un seminario taller sobre metodología de la enseñanza de la comunicación, al que fui invitado, Mario Gutiérrez, investigador del fenómeno de lo digital desde lo audiovisual, sentaba cómo sobre todo los jóvenes –curiosamente el grueso de sus navegantes frecuentes- han visto respaldado su ritmo de vida con la velocidad virtual que supone Internet. “Hoy los jóvenes viven el “antes de”. Antes de terminar el colegio, ya pueden haber ingresado a una universidad; antes de haber terminado la universidad, ya están trabajando; antes de casarse, ya tienen hijos...”, nos divertía en una sucesión en cadena.
La red de redes es la tecnología de penetración más potente de la historia: tardó menos de cuatro años en lograr sus primeros 50 millones de adeptos cuando a la radio y a la TV le costaron 38 y 50 años, respectivamente. Y su crecimiento e influencia conoce apenas la punta de un iceberg, a decir del promedio de los analistas.
Aunque aun, como se lee a partir de las cifras, no es masiva ni totalmente democrática, hay que estar listos mal que bien para cuando lo sea. Uso una letra de una canción de Bosé para pedirle a nombre de todos una tregua: “El tiempo pasa y no de largo y hay quien no se entera (…) dame al menos el tiempo que respire (…) dame al menos el tiempo de despedirme”
*luisalarconll@gmail.com
Buena parte de los grandes cambios de percepción y reacción que se viven hoy en día se deben a la Internet, a lo digital, lo virtual. Si el mundo no es más tan “inmóvil” como hasta 50 años o cien, allí hay una causa… o un culpable. Las formas de convivencia, la tecnología, las relaciones personales y las institucionales fluyen y se superponen de un modo como en ningún otro periodo de la historia, y de eso apenas estamos siendo concientes porque todo, precisamente, ocurre tan rápido que apenas nos da tiempo para la reflexión.
Un informe de enero de 2007 de la consultora de tendencias online e-Marketer, nos datea que unas mil ochenta millones de personas navegan por Internet en todo el planeta. Eso es el 16.6% de la población mundial. EE.UU va a la cabeza en número de usuarios, y es uno de los países que lidera también en cifras relativas; aunque Corea del sur con el 70.5% de su población sea el país que porcentualmente más se conecte a la red. En realidad, la media porcentual para los que no están en récord (la lista se centra en 15 países) es de 16.6%. Perú está en ese “los otros”, y tiene según Osiptel, un 17% de usuarios en relación a la población nacional.
Pero la reflexión va por otro lado: cómo la Internet y todo lo que ello significa influye y ha determinado toda la existencia de ese amplio casi 83% mundial, y también nacional, que aun no tiene acceso o simplemente no usa la red. O sea en otras palabras: la red penetró incluso ya la estructura social de una mayoría de humanos a partir de una minoría. Paradójico.
Hace unos días, en un seminario taller sobre metodología de la enseñanza de la comunicación, al que fui invitado, Mario Gutiérrez, investigador del fenómeno de lo digital desde lo audiovisual, sentaba cómo sobre todo los jóvenes –curiosamente el grueso de sus navegantes frecuentes- han visto respaldado su ritmo de vida con la velocidad virtual que supone Internet. “Hoy los jóvenes viven el “antes de”. Antes de terminar el colegio, ya pueden haber ingresado a una universidad; antes de haber terminado la universidad, ya están trabajando; antes de casarse, ya tienen hijos...”, nos divertía en una sucesión en cadena.
La red de redes es la tecnología de penetración más potente de la historia: tardó menos de cuatro años en lograr sus primeros 50 millones de adeptos cuando a la radio y a la TV le costaron 38 y 50 años, respectivamente. Y su crecimiento e influencia conoce apenas la punta de un iceberg, a decir del promedio de los analistas.
Aunque aun, como se lee a partir de las cifras, no es masiva ni totalmente democrática, hay que estar listos mal que bien para cuando lo sea. Uso una letra de una canción de Bosé para pedirle a nombre de todos una tregua: “El tiempo pasa y no de largo y hay quien no se entera (…) dame al menos el tiempo que respire (…) dame al menos el tiempo de despedirme”
*luisalarconll@gmail.com
sábado, 21 de junio de 2008
La muerte ronda este oficio
Por: Luis Alarcón Ll.*
Sólo hasta hace un sábado, si descontamos el de ayer, el Perú permanecía en blanco por dos años en cuanto a asesinatos a periodistas. Miguel Pérez Julca (Jaén, 38 años) ha quebrado la estadística. De paso, nos ha traído a la mente que éste sigue siendo uno de los trabajos más riesgosos y perseguidos del mundo; acá como en la cochinchina y si bien el corolario no es necesariamente la muerte, bastante cercana anda pisándole los talones a quienes solamente buscan informar, revoloteando el avispero muchas veces, es cierto, porque la verdad anda con frecuencia encaramada en algún resquicio de corrupción.
“El Nuevo Mundo sigue siendo una zona de riesgo para la prensa, incluso a pesar de que la libertad de informar está oficialmente reconocida en todos los países, con excepción de Cuba”, reza el informe 2006 - Américas de Reporteros sin Frontera.
Hay otros reportes que ponen números en claro. Entre enero a agosto de 2006, según la Oficina de Derechos Humanos del Periodista (OFIP) de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, los ataques a periodistas en el país llegaron a 109 ( todo el 2005, se registraron 115). De los ataques se registraron 24 amenazas, 64 agresiones, dos presiones jurídicas, cuatro presiones administrativas, ocho detenciones arbitrarias, una traba a la circulación de la información, un robo y cinco trabas al acceso a la información.
El Instituto de prensa y sociedad (IPYS) lleva sus propios conteos y los relaciona a una política de alertas que publica en su web y otros medios: “Durante el 2006, hubo un promedio de ocho agresiones al mes contra la prensa. Ancash ocupa el primer lugar con 34 denuncias, seguida de Lima con 20. Desde el 2003, ambas regiones se ubican entre las dos primeras donde ocurren atentados contra la libertad de prensa.”
Una colega me insiste cerca: “no te esfuerces, se trata obviamente de un subregistro”. Sí, a diario los periodistas se someten a que las fuentes, los declarantes, las oficinas de información les nieguen el derecho que tienen como ciudadanos y profesionales –vinculantes además con la sociedad- y que lo hagan con mayor o menor violencia. El caso Ritter que por partida (o patada) doble, agredió a dos reporteros de Magali Medina, sienta además que en muchos casos los agredidos son la mayoría de las veces, anónimos.
Pero la verdad tienen nombre: ayer fue Miguel Pérez Julca, y hace dos años, Antonio de la Torre y Alberto Rivera. La cuenta sigue en regresivo. Miremos adelante; el Consejo de la Prensa Peruana ya alertó que los próximos caídos, también de Jaén, pueden ser José Vásquez Malca y Walter Altamirano, y un caso de Chimbote, sienta IPYS, es preocupante, el de Marilú Gambini, continuamente amenazados. ¿Estamos esperando a la próxima víctima?
Sólo hasta hace un sábado, si descontamos el de ayer, el Perú permanecía en blanco por dos años en cuanto a asesinatos a periodistas. Miguel Pérez Julca (Jaén, 38 años) ha quebrado la estadística. De paso, nos ha traído a la mente que éste sigue siendo uno de los trabajos más riesgosos y perseguidos del mundo; acá como en la cochinchina y si bien el corolario no es necesariamente la muerte, bastante cercana anda pisándole los talones a quienes solamente buscan informar, revoloteando el avispero muchas veces, es cierto, porque la verdad anda con frecuencia encaramada en algún resquicio de corrupción.
“El Nuevo Mundo sigue siendo una zona de riesgo para la prensa, incluso a pesar de que la libertad de informar está oficialmente reconocida en todos los países, con excepción de Cuba”, reza el informe 2006 - Américas de Reporteros sin Frontera.
Hay otros reportes que ponen números en claro. Entre enero a agosto de 2006, según la Oficina de Derechos Humanos del Periodista (OFIP) de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, los ataques a periodistas en el país llegaron a 109 ( todo el 2005, se registraron 115). De los ataques se registraron 24 amenazas, 64 agresiones, dos presiones jurídicas, cuatro presiones administrativas, ocho detenciones arbitrarias, una traba a la circulación de la información, un robo y cinco trabas al acceso a la información.
El Instituto de prensa y sociedad (IPYS) lleva sus propios conteos y los relaciona a una política de alertas que publica en su web y otros medios: “Durante el 2006, hubo un promedio de ocho agresiones al mes contra la prensa. Ancash ocupa el primer lugar con 34 denuncias, seguida de Lima con 20. Desde el 2003, ambas regiones se ubican entre las dos primeras donde ocurren atentados contra la libertad de prensa.”
Una colega me insiste cerca: “no te esfuerces, se trata obviamente de un subregistro”. Sí, a diario los periodistas se someten a que las fuentes, los declarantes, las oficinas de información les nieguen el derecho que tienen como ciudadanos y profesionales –vinculantes además con la sociedad- y que lo hagan con mayor o menor violencia. El caso Ritter que por partida (o patada) doble, agredió a dos reporteros de Magali Medina, sienta además que en muchos casos los agredidos son la mayoría de las veces, anónimos.
Pero la verdad tienen nombre: ayer fue Miguel Pérez Julca, y hace dos años, Antonio de la Torre y Alberto Rivera. La cuenta sigue en regresivo. Miremos adelante; el Consejo de la Prensa Peruana ya alertó que los próximos caídos, también de Jaén, pueden ser José Vásquez Malca y Walter Altamirano, y un caso de Chimbote, sienta IPYS, es preocupante, el de Marilú Gambini, continuamente amenazados. ¿Estamos esperando a la próxima víctima?
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
luisalarconll@gmail.com
Este otro Jesús
Por: Luis Alarcón Ll.*
Dos mil siete años después, es claro que Jesús es siempre el mismo pero también otro. En los últimos años, la figura del personaje más influyente de toda la historia humana, ha conocido la arremetida de algún importante material conjetural, procedente de investigadores, cineastas y ficcionistas, que han revisado su paso por este mundo. Y han sacado chispas con ello.
El Código Da Vinci, novela de dudosas bases históricas, ha sido ese primer hito. Dan Brown en realidad sólo compiló las propuestas de varios otros conjeturantes para un triller policial en el que se exacerba la terrenidad común del Hijo del Hombre: Jesús habría tenido mujer, la Magdalena, una hija, y toda una casta de seguidores secretos protectores del secreto –el Priorato de Sión-, como también, una guardia alzada en su nombre –los caballeros templarios- desaparecida por el clero tradicional. Aun cuando se vendió como ficción, la historia vendida por millones en todos los idiomas, sacó roncha en las cúpulas mismas de la iglesia católica y en los miles de seguidores fieles de Cristo.
Más peso en el replanteamiento de quién fue Jesús, tuvo el año pasado la publicación de “El Evangelio prohibido de Judas”. Un antiguo texto cóptico descubierto en los setentas, en forma de papiro y que data del siglo IV, fue puesto a la venta a coleccionistas norteamericanos y europeos por décadas, tras su oscuro hallazgo en la zona de al-Minya, Egipto. Traducido por el suizo Rodolphe Kasser, de la Universidad de Ginebra, el mayor experto textos cópticos, el evangelio fue revolucionario: Judas habría sido el discípulo más destacado de Jesús, conocería a diferencia de los otros 11 el verdadero sentido de una religión de la que hoy se perdió la esencia, y habría actuado según la voluntad de su líder para cumplir con la salvación del mundo.
Un tercer documento es el que los cineasta James Cameron y Simcha Jacobovici presentaron hace unas semanas vía Discovery Channel: El Sepulcro olvidado de Jesús: una tumba hallada en Talpiot, podría haber albergado no sólo su cuerpo, sino también el de Magdalena, “Mariamene e Mara” (versión en griego de María) y quizás hasta el hijo de ambos, irónicamente llamado… Judas. Carney Matheson del laboratorio de Paleo-DNA de la Universidad Lakehead, Ontario, condujo un análisis de ADN mitocondrial a restos de “Jesús hijo de José” y “Mariamene e Mara”, encontrados en los osarios. No había relación maternal, por lo que es bien probable que dada las condiciones de entierro hayan sido esposos. Los escépticos han respondido: Jesús, Judas, María, eran nombres comunes en la Galilea del ciclo I. Los estadísticos han retrucado: la combinación de los tres es poco probable.
Hoy el Jesús místico se choca con un Jesús histórico que es revisado con la ayuda de la ciencia y el despojo de fe. Pero paradójicamente eso no le resta los aires de divinidad que nadie sobre este mundo ha logrado en dos milenios.
Dos mil siete años después, es claro que Jesús es siempre el mismo pero también otro. En los últimos años, la figura del personaje más influyente de toda la historia humana, ha conocido la arremetida de algún importante material conjetural, procedente de investigadores, cineastas y ficcionistas, que han revisado su paso por este mundo. Y han sacado chispas con ello.
El Código Da Vinci, novela de dudosas bases históricas, ha sido ese primer hito. Dan Brown en realidad sólo compiló las propuestas de varios otros conjeturantes para un triller policial en el que se exacerba la terrenidad común del Hijo del Hombre: Jesús habría tenido mujer, la Magdalena, una hija, y toda una casta de seguidores secretos protectores del secreto –el Priorato de Sión-, como también, una guardia alzada en su nombre –los caballeros templarios- desaparecida por el clero tradicional. Aun cuando se vendió como ficción, la historia vendida por millones en todos los idiomas, sacó roncha en las cúpulas mismas de la iglesia católica y en los miles de seguidores fieles de Cristo.
Más peso en el replanteamiento de quién fue Jesús, tuvo el año pasado la publicación de “El Evangelio prohibido de Judas”. Un antiguo texto cóptico descubierto en los setentas, en forma de papiro y que data del siglo IV, fue puesto a la venta a coleccionistas norteamericanos y europeos por décadas, tras su oscuro hallazgo en la zona de al-Minya, Egipto. Traducido por el suizo Rodolphe Kasser, de la Universidad de Ginebra, el mayor experto textos cópticos, el evangelio fue revolucionario: Judas habría sido el discípulo más destacado de Jesús, conocería a diferencia de los otros 11 el verdadero sentido de una religión de la que hoy se perdió la esencia, y habría actuado según la voluntad de su líder para cumplir con la salvación del mundo.
Un tercer documento es el que los cineasta James Cameron y Simcha Jacobovici presentaron hace unas semanas vía Discovery Channel: El Sepulcro olvidado de Jesús: una tumba hallada en Talpiot, podría haber albergado no sólo su cuerpo, sino también el de Magdalena, “Mariamene e Mara” (versión en griego de María) y quizás hasta el hijo de ambos, irónicamente llamado… Judas. Carney Matheson del laboratorio de Paleo-DNA de la Universidad Lakehead, Ontario, condujo un análisis de ADN mitocondrial a restos de “Jesús hijo de José” y “Mariamene e Mara”, encontrados en los osarios. No había relación maternal, por lo que es bien probable que dada las condiciones de entierro hayan sido esposos. Los escépticos han respondido: Jesús, Judas, María, eran nombres comunes en la Galilea del ciclo I. Los estadísticos han retrucado: la combinación de los tres es poco probable.
Hoy el Jesús místico se choca con un Jesús histórico que es revisado con la ayuda de la ciencia y el despojo de fe. Pero paradójicamente eso no le resta los aires de divinidad que nadie sobre este mundo ha logrado en dos milenios.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sipán
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