Nadie lo había dicho mejor que Honoré de Balzac, el famoso escritor francés: “La burocracia es un mecanismo gigante operado por pigmeos”. Se refería, claro, al aparato burocrático sobredimensionado, absurdo, ese que entrampa las cosas, en vez de empujar el carro, esa burocracia que friega y atropella y que uno se encuentra a mares en las dependencias públicas (aunque no en todas) e incluso en las entidades privadas (en varias).
El Perú es un país con una importante tradición burocrática. Diseñado para las tramitaciones de oficio según el modelo español de la colonia, los procesos administrativos encontraron acá como en varios países latinoamericanos, un arraigo que favoreció la poca movilización del aparato productivo y amparó desde letanías hasta corrupción gubernamental.
Perú es el país del papel sello sexto que se debía comprar en el Banco de la Nación pero que se revendía en sus inmediaciones, necesarísimo para cualquier trámite hasta que hace casi dos décadas. Desde el humor, el país también vio nacer al doctor Chantada, personaje que encarnó ese actorazo que alguna vez fue don Alex Valle, un burócrata que todo lo envolvía para hacerle la vida a cuadritos a cualquier hijo de vecino, incauto solicitante ante el sector público. Se bromeaba con una dura realidad que había sido descrita por el español Pío Baroja: “La burocracia en los países latinos parece que se ha establecido para vejar al público”.
Perú, desde las voluntades más altas -y/o el doble discurso- también se opone a la burocracia excesiva. Somos cuna de una interesantes Ley de Procedimientos Administrativos General (Ley No 27444) y la Ley del Silencio Administrativo Positivo (Ley No 29060), ésta más nueva que aquella, pero armonizando una misma dirección: favorecer al administrado.
He sufrido en carne propia los excesos de la burocracia descarnada, de la imposición de tramitación duplicada los últimos cuatro meses a raíz de un grado de maestría que me urgía conseguir. La entidad de mis maltratos no es ni siquiera pública como para justificar la “tradición” de sus procesos. Es una entidad educativa de prestigio y privada.
Pero son abusivos para solicitar documentación que se suponen ya tienen porque alguna vez uno mismo fue su postulante para su Post Grado, contraviniendo el espíritu de la Ley que se si bien es pública debe insuflar lo privado y que en su artículo 40 establece una serie de documentación prohibida de solicitar.
Vuelven a pedir partida de nacimiento, por ejemplo, y yo hace tiempo les alcancé una; pero también copia del DNI; entonces intento que reflexionen porque al presentar DNI pruebo que al menos he nacido hace 18 años. Nada, la burocracia establecida, instituida, se erige sobre mecanismos sin asidero.
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miércoles, 28 de enero de 2009
La Urraca y la paloma
Fue abrupta la defensa que el primer mandatario, Alan García, hiciera a media semana de la trasgresora conductora de TV, Magaly Medina, rápidamente dos posiciones opuestas (una sobre la permisividad que se otorga el Presidente, y la otra en dirección exactamente al contrario), y un traer a la agenda un caso judicial que iba perdiendo notoriedad noticiosamente hablando.
Las palabras de García Pérez pueden para unos resultar una voluntad de ser mejor defensa que la que a la periodista le procura Nakasaki, su abogado. Pero no a pocos el exabrupto presidencial puede ir en contra de lo poco o nada que Medina ha conseguido de una sentencia judicial que le es adversa.
Con todo, el mandatario no debería defender a quien la primera fustigadora de vedetes y futbolistas ampayados por razones al menos de dos órdenes. Unas van por lo ético-morales. Por más simpatía que despierte en él, la pelirroja. ¿es sensato para el líder de una nación defender a quien encarna la intromisión en la vida privada de los otros?¿Es políticamente correcto abogar por quien de algún modo es la imagen viviente de la calumnia y la difamación? Con su postura de buena gente, el Presidente no le está dando el mejor ejemplo a una nación que, en efecto, en varios de sus sectores, se regodea en el chisme y el raje.
También están las razones de orden democrático y de gobernabilidad. No es ciertamente lo mejor que un poder se entremeta en otro, en ese caso el ejecutivo metiendo las narices en lo judicial, por más que la referencia haya sido lanzada de un modo tan informal, como una simple opinión.
Los mensajes velados, los dardos subliminales son una costumbre del mandatario, me recuerda Augusto Álvarez Rodrich, el célebre periodista despedido de Perú 21, el sábado, después de una conferencia a la que lo hemos invitado; es decir antes de la defensa verbal de García a Medina.
Pone de ejemplo que cuando un periodista de RPP le plantea al Jefe de Estado alguna cuestión “incómoda”, éste le reprende con severidad que el dueño de la radio no haría tal pregunta. Este sería una manera de querer acallar nada menos que la libertad de expresión de un profesional de la prensa.
Como quiera que sea y si solo atendemos al capítulo reciente, no hace bien a la democracia que el Presidente quiera meter su cuchara en un caso polémico donde su opinión más bien vuelve a polarizar. Tampoco el que la ministra de justicia tenga que aclarar las intenciones del mandatario en tanto su viabilidad operativa, pues un indulto (si ese sería el camino que se quisiera tomar para sacar de prisión a Medina) no procede porque la conductora ha apelado su caso. En resumen, el Presidente debió medir su afecto hacia la urraca y no abrir la boca para un tema precisamente de idas de boca.
Las palabras de García Pérez pueden para unos resultar una voluntad de ser mejor defensa que la que a la periodista le procura Nakasaki, su abogado. Pero no a pocos el exabrupto presidencial puede ir en contra de lo poco o nada que Medina ha conseguido de una sentencia judicial que le es adversa.
Con todo, el mandatario no debería defender a quien la primera fustigadora de vedetes y futbolistas ampayados por razones al menos de dos órdenes. Unas van por lo ético-morales. Por más simpatía que despierte en él, la pelirroja. ¿es sensato para el líder de una nación defender a quien encarna la intromisión en la vida privada de los otros?¿Es políticamente correcto abogar por quien de algún modo es la imagen viviente de la calumnia y la difamación? Con su postura de buena gente, el Presidente no le está dando el mejor ejemplo a una nación que, en efecto, en varios de sus sectores, se regodea en el chisme y el raje.
También están las razones de orden democrático y de gobernabilidad. No es ciertamente lo mejor que un poder se entremeta en otro, en ese caso el ejecutivo metiendo las narices en lo judicial, por más que la referencia haya sido lanzada de un modo tan informal, como una simple opinión.
Los mensajes velados, los dardos subliminales son una costumbre del mandatario, me recuerda Augusto Álvarez Rodrich, el célebre periodista despedido de Perú 21, el sábado, después de una conferencia a la que lo hemos invitado; es decir antes de la defensa verbal de García a Medina.
Pone de ejemplo que cuando un periodista de RPP le plantea al Jefe de Estado alguna cuestión “incómoda”, éste le reprende con severidad que el dueño de la radio no haría tal pregunta. Este sería una manera de querer acallar nada menos que la libertad de expresión de un profesional de la prensa.
Como quiera que sea y si solo atendemos al capítulo reciente, no hace bien a la democracia que el Presidente quiera meter su cuchara en un caso polémico donde su opinión más bien vuelve a polarizar. Tampoco el que la ministra de justicia tenga que aclarar las intenciones del mandatario en tanto su viabilidad operativa, pues un indulto (si ese sería el camino que se quisiera tomar para sacar de prisión a Medina) no procede porque la conductora ha apelado su caso. En resumen, el Presidente debió medir su afecto hacia la urraca y no abrir la boca para un tema precisamente de idas de boca.
Otorongo`s country
El Congreso de la República, volvió el martes último, a demostrar su poca capacidad-voluntad para aprender lecciones de clases pasadas -algunas muy recientes- e insistió en mostrarse contrario no sólo a la opinión pública sino a la Constitución Política del Estado, al aprobar un dictamen que permitirá a padres y madres de la Patria postular a otros cargos públicos, mientras supuestamente se dedican a sus labores como legisladores.
Los congresistas vuelven al ojo de la tormenta. Alientan, sin escarmentar, su mala imagen con hechos que sostienen su poca popularidad que, de acuerdo a los últimos sondeos de opinión, es de menos del 11%. Recordemos que sólo hace dos meses el Congreso sacó la vuelta a un clamoroso pedido popular que emprendió la prensa y siguió la ciudadanía para fiscalizar sus rendiciones de cuentas como gastos operativos, al volver a ponerlos en su sueldo.
Ahora los parlamentarios, con este dictamen que impulsaron Apra y Unidad Nacional, quieren más prerrogativas. Pretenden pasear a la Carta Magna con este dudoso y dirigido dictamen (se sabe de las aspiraciones a sillones municipales y regionales de varios de ellos).
El artículo 92 de la Constitución marca que “el mandato del Congresista es incompatible con cualquier otra función pública, excepto la de Ministro de Estado”. Y ellos en sus retruécanos legales han respondido que mientras no los elijan no estarán ejerciendo otra función, o sea no se les impide postular. Frente al artículo 95 que establece que el mandato legislativo es irrenunciable, han respondido de manera delirantemente sofista: si el pueblo elige para otro cargo ellos no renunciarán, sino que acatarán las órdenes populares.
Finalmente, frente a lo que inicia el artículo 92, ya citado, de que la función de congresista es de tiempo completo, y qué cómo harían para no disponer su tiempo para campaña. Los defensores del funesto dictamen han dicho… no han dicho nada todavía, pero ya buscan algún mecanismo imaginativamente.
Habría sido el ex congresista del FIM Alcides Chamorro quien acuñó la frase de “otorongo no come otorongo” a los parlamentarios, Habría sido a fines de 2002, para un reportaje emitido en un programa periodístico de TV. Hace algún tiempo un suplemento de sátira política de un diario capitalino, “El Otorongo”, usa de eslogan esta frase: “come rico, duerme bien e hincha como ninguno”.
Un alumno me pide que atienda la sentencia con seriedad, que vea como la realidad copia la ficción, como rezaba García Márquez: Ya ha habido problemas con facturaciones de comidas de algún padre de la Patria. Son varias las fotos en las que se duermen en el Pleno; y si se comparan sus siluetas en un antes y después, mismo comercial de reductores de grasas, servirían de modelo pero al revés. Con todo eso, los parlamentarios en su mayoría podrían ansiar cargos en los que el dinero fluye mejor.
Los congresistas vuelven al ojo de la tormenta. Alientan, sin escarmentar, su mala imagen con hechos que sostienen su poca popularidad que, de acuerdo a los últimos sondeos de opinión, es de menos del 11%. Recordemos que sólo hace dos meses el Congreso sacó la vuelta a un clamoroso pedido popular que emprendió la prensa y siguió la ciudadanía para fiscalizar sus rendiciones de cuentas como gastos operativos, al volver a ponerlos en su sueldo.
Ahora los parlamentarios, con este dictamen que impulsaron Apra y Unidad Nacional, quieren más prerrogativas. Pretenden pasear a la Carta Magna con este dudoso y dirigido dictamen (se sabe de las aspiraciones a sillones municipales y regionales de varios de ellos).
El artículo 92 de la Constitución marca que “el mandato del Congresista es incompatible con cualquier otra función pública, excepto la de Ministro de Estado”. Y ellos en sus retruécanos legales han respondido que mientras no los elijan no estarán ejerciendo otra función, o sea no se les impide postular. Frente al artículo 95 que establece que el mandato legislativo es irrenunciable, han respondido de manera delirantemente sofista: si el pueblo elige para otro cargo ellos no renunciarán, sino que acatarán las órdenes populares.
Finalmente, frente a lo que inicia el artículo 92, ya citado, de que la función de congresista es de tiempo completo, y qué cómo harían para no disponer su tiempo para campaña. Los defensores del funesto dictamen han dicho… no han dicho nada todavía, pero ya buscan algún mecanismo imaginativamente.
Habría sido el ex congresista del FIM Alcides Chamorro quien acuñó la frase de “otorongo no come otorongo” a los parlamentarios, Habría sido a fines de 2002, para un reportaje emitido en un programa periodístico de TV. Hace algún tiempo un suplemento de sátira política de un diario capitalino, “El Otorongo”, usa de eslogan esta frase: “come rico, duerme bien e hincha como ninguno”.
Un alumno me pide que atienda la sentencia con seriedad, que vea como la realidad copia la ficción, como rezaba García Márquez: Ya ha habido problemas con facturaciones de comidas de algún padre de la Patria. Son varias las fotos en las que se duermen en el Pleno; y si se comparan sus siluetas en un antes y después, mismo comercial de reductores de grasas, servirían de modelo pero al revés. Con todo eso, los parlamentarios en su mayoría podrían ansiar cargos en los que el dinero fluye mejor.
Falsas buenas noticias
Un viejo cliché, usado en los predios del periodismo reza que para que un hecho sea noticia debe de tener un coctel de, más o menos, estos ingredientes: sexo, dinero, mentiras. No en vano, García Márquez ha dicho que “El periodismo es el deslumbramiento de la noticia.”
El miércoles 12 de noviembre pasado circuló en los EE.UU. una edición única del celebérrimo New York Times íntegro de buenas nuevas. Por el ciberespacio su versión digital podía verse desde cualquier computador del planeta. La noticia estrella, abridora de página, era “Termina la guerra de Irak”.
Los contenidos eran, obviamente, falsos, mismos que de por sí, por su abrumadora bondad son impensables al menos juntos en el mundo de ahora, ayer y siempre (recuerde usted la letra de esa salsa que importalizó Lavoe, “el mundo reza que reza/ pa´que se acabe la guerra/eso no se va a acabar/eso será una rareza”). Pero además por una pista escrita en cada página en letra de ocho puntos, la fecha de edición: 4 de julio de 2009.
Se trató de una travesura bien montada por un grupo de activistas, que justificaron la edición hechiza en que en los últimos ocho años se la pasaron soñando con un mundo mejor. Y que era una suerte de llamado de atención tanto a los ciudadanos como a los políticos –llamado directo al nuevo mandatario de los EE.UU. Barack Obama- para que tomen las riendas de un verdadero cambio.
En “Periodismo, noticia y noticiabilidad”, la profesora Stella Martini, recuerda que el periodista no sólo “escribe” sino que construye la información, entendida esta construcción como una tarea valorativa, interpretativa. Pero como en todo proceso humano, los mandatos, axiomas para llegar a ellos, se vuelven un corsé que puede inclinar la balanza de las cosas hacia un lado. Eso puede estar pasando con las noticias, al dejar porcentualmente de lado aquellas que precisamente son o pueden ser buenas noticias.
En esa vorágine que encierra a los procesos de la información periodística, potenciada además ahora por el boom de nuevas tecnologías, la mirada hacia lo positivo suele ser menor, ínfima, incluso, no pocas veces, inexistente. Algunos medios que reparan en ello se ponen cuotas de “buenas noticias”, para oxigenar la idea ante los lectores de que el mundo es enteramente malo.Hago este ejercicio de reflexión como un compromiso de parte. Ante los alumnos de un curso taller de producción y redacción periodística, les he venido alentando -sin querer justifico- que el país es un todo maravilloso para el periodismo porque nunca faltan accidentes, funcionarios corruptos, obras mal hechas que caen por su propio peso, alza de precios y una serie de negativas que sólo retratan un lado de la situación. ¿Y si vemos el mundo con mayor optimismo? Seguro, confío, que del mismo cuero sacamos más correas
El miércoles 12 de noviembre pasado circuló en los EE.UU. una edición única del celebérrimo New York Times íntegro de buenas nuevas. Por el ciberespacio su versión digital podía verse desde cualquier computador del planeta. La noticia estrella, abridora de página, era “Termina la guerra de Irak”.
Los contenidos eran, obviamente, falsos, mismos que de por sí, por su abrumadora bondad son impensables al menos juntos en el mundo de ahora, ayer y siempre (recuerde usted la letra de esa salsa que importalizó Lavoe, “el mundo reza que reza/ pa´que se acabe la guerra/eso no se va a acabar/eso será una rareza”). Pero además por una pista escrita en cada página en letra de ocho puntos, la fecha de edición: 4 de julio de 2009.
Se trató de una travesura bien montada por un grupo de activistas, que justificaron la edición hechiza en que en los últimos ocho años se la pasaron soñando con un mundo mejor. Y que era una suerte de llamado de atención tanto a los ciudadanos como a los políticos –llamado directo al nuevo mandatario de los EE.UU. Barack Obama- para que tomen las riendas de un verdadero cambio.
En “Periodismo, noticia y noticiabilidad”, la profesora Stella Martini, recuerda que el periodista no sólo “escribe” sino que construye la información, entendida esta construcción como una tarea valorativa, interpretativa. Pero como en todo proceso humano, los mandatos, axiomas para llegar a ellos, se vuelven un corsé que puede inclinar la balanza de las cosas hacia un lado. Eso puede estar pasando con las noticias, al dejar porcentualmente de lado aquellas que precisamente son o pueden ser buenas noticias.
En esa vorágine que encierra a los procesos de la información periodística, potenciada además ahora por el boom de nuevas tecnologías, la mirada hacia lo positivo suele ser menor, ínfima, incluso, no pocas veces, inexistente. Algunos medios que reparan en ello se ponen cuotas de “buenas noticias”, para oxigenar la idea ante los lectores de que el mundo es enteramente malo.Hago este ejercicio de reflexión como un compromiso de parte. Ante los alumnos de un curso taller de producción y redacción periodística, les he venido alentando -sin querer justifico- que el país es un todo maravilloso para el periodismo porque nunca faltan accidentes, funcionarios corruptos, obras mal hechas que caen por su propio peso, alza de precios y una serie de negativas que sólo retratan un lado de la situación. ¿Y si vemos el mundo con mayor optimismo? Seguro, confío, que del mismo cuero sacamos más correas
sábado, 29 de noviembre de 2008
Piel de lobos
El hecho es siniestro y el escenario tenebroso. Un grupo de jóvenes se han accidentado en algún punto de la Vía Expresa, Lima, altas horas de la noche. El auto se ha retorcido en sus fierros contra sus abdómenes y gimen ayuda mientras algunos autos salpicados pasan raudo. Hay una luz de esperanza, o eso creen; ven entre sus visiones cortadas por las presiones del accidente otro grupo de jóvenes que se acercan a ayudarlos. Son jóvenes como ellos sí, pero llegan a robarles billeteras, relojes, aretes según sea el caso.
De uno de los capítulos de esa serie de triller policial que fue la historia del asesino serial Hannibal Lecter recuerdo esta frase: “el lobo acude cuando oye los gritos del cordero. Pero no llega a ayudar”. No sé si los gritos de los jóvenes accidentados o un raro olfato en ese otro grupo de delincuentes juveniles les ha permitido hacerse en el lugar fatal de los hechos. El asunto es que están, pero para solo para aletear como buitres sobre carroña.
Hay dos conceptos que ese grupo de sangres frías no procesa. La empatía, entendida como la identificación mental de un sujeto con el estado anímico del otro. Y la solidaridad, la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros, entendido esta última como un valor y un derecho además.
El dolor o el goce de los otros es entendido, pues desde la empatía entonces. Derivado de pathos (sentimiento) y un prefijo, in (dentro), empatía es estar en el lugar de los otros para entenderlos, sentir lo que ellos, ya en dolor ya en gozo. Esa es una capacidad humana que a veces olvidamos o dejamos superponer por debilidades, también humanas, pasiones bajas, como la envidia, la indiferencia.
La solidaridad, de acuerdo al Cardenal Raúl Silva Enríquez, es “una dependencia mutua entre los seres humanos… que hace que unos no puedan ser felices si no lo son los demás”. El ser solidario se indigna primero ante la desgracia ajena, se conduele; y luego actúa en la medida de sus posibilidades e incluso sobre lo posible y ha allí la figura de mártires, santos y otros seres excepcionales.
Pero en realidad solidaridad, como empatía, no tienen que ser vista como ejercicios de acercamiento hacia la divinidad. Bien pueden constituirse en modos de garantizar la unificación de una especie que sólo puede perpetuarse como tal en grupo. En ese sentido, el intelecto humano ha vestido de sentimiento lo que sería un mecanismo natural de defensa contra las adversidades que en cadena pueden llevarnos a la muerte. Por eso la solidaridad actúa no pocas veces como respuesta al absurdo del crimen, de las guerras, de los abusos. Esa lección habría que hacérsela entender a los jóvenes que en el fatal accidente de sus congéneres llegaron como el lobo hacia el cordero.
De uno de los capítulos de esa serie de triller policial que fue la historia del asesino serial Hannibal Lecter recuerdo esta frase: “el lobo acude cuando oye los gritos del cordero. Pero no llega a ayudar”. No sé si los gritos de los jóvenes accidentados o un raro olfato en ese otro grupo de delincuentes juveniles les ha permitido hacerse en el lugar fatal de los hechos. El asunto es que están, pero para solo para aletear como buitres sobre carroña.
Hay dos conceptos que ese grupo de sangres frías no procesa. La empatía, entendida como la identificación mental de un sujeto con el estado anímico del otro. Y la solidaridad, la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros, entendido esta última como un valor y un derecho además.
El dolor o el goce de los otros es entendido, pues desde la empatía entonces. Derivado de pathos (sentimiento) y un prefijo, in (dentro), empatía es estar en el lugar de los otros para entenderlos, sentir lo que ellos, ya en dolor ya en gozo. Esa es una capacidad humana que a veces olvidamos o dejamos superponer por debilidades, también humanas, pasiones bajas, como la envidia, la indiferencia.
La solidaridad, de acuerdo al Cardenal Raúl Silva Enríquez, es “una dependencia mutua entre los seres humanos… que hace que unos no puedan ser felices si no lo son los demás”. El ser solidario se indigna primero ante la desgracia ajena, se conduele; y luego actúa en la medida de sus posibilidades e incluso sobre lo posible y ha allí la figura de mártires, santos y otros seres excepcionales.
Pero en realidad solidaridad, como empatía, no tienen que ser vista como ejercicios de acercamiento hacia la divinidad. Bien pueden constituirse en modos de garantizar la unificación de una especie que sólo puede perpetuarse como tal en grupo. En ese sentido, el intelecto humano ha vestido de sentimiento lo que sería un mecanismo natural de defensa contra las adversidades que en cadena pueden llevarnos a la muerte. Por eso la solidaridad actúa no pocas veces como respuesta al absurdo del crimen, de las guerras, de los abusos. Esa lección habría que hacérsela entender a los jóvenes que en el fatal accidente de sus congéneres llegaron como el lobo hacia el cordero.
Poderes sobre la prensa
Si es cierto que tras la separación de Augusto Alvarez Rodrich del diario Perú 21, mismo que encumbró en escasos cinco años a un sitial referencial en defensa de derechos humanos periodismo de investigación y lucha por la democracia, ha habido un poder político presionando para desbancarlo la tarde del viernes 14 de noviembre, si fuera cierto decimos, no sería la primera vez que en el país, vuelan cabeza por órdenes de este tipo.
En la prensa como los círculos de poder todavía se especulan sobre lo que pudo ser más que un rumor, el que un entonces entrante Presidente García haya pedido a inicio de su gobierno de 1985 la salida de Panamerica TV del joven Jaime Bayly –iniciado en las irreverencias que serían su sello en adelante- por haber sugerido que el electo mandatario tomaba cierto medicamento para esquizofrenia. Uno de los vladivideos que explotaron en la cara del pueblo peruano para la abrupta defenestración del régimen fujimontesinista muestra a un Genaro Delgado Parker ofreciendo la salida de su canal, también Pantel, del periodista top del momento, César Hildebrandt.
O sea, precedentes hay. Pero no siempre las formas son así de directas, contundentes. En “El Precio del Silencio, Abuso de publicidad oficial y otras formas de censura indirecta en América Latina”, Informe conjunto del Open Society Justice Iniative y Asociación de los Derechos Civiles, presentado este año, se da cuenta –como el titulo lo adelanta- de una serie de prácticas en las que el poder política mete sus narices para que el periodismo le sea favorable con comentarios auspiciosos o se calle la boca en siete idiomas.
La investigación, cualitativa, fue aplicada por equipos multidisciplinarios en Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, Perú y Uruguay. De nuestro país resalta cómo entre 2006 y 2007, el ministro de Vivienda utilizó contratos publicitarios gubernamentales para “comprar” una cobertura favorable a su ministerio y a su persona en tres periódicos y el presidente se negó a condenar tal abuso. Pero el informe es más rico en casos similares, en los que gobiernos locales y regionales del Perú dispusieron de fondos de publicidad oficial para obtener el favor periodístico. Sabido es, por ejemplo, como sobre todo en radio provinciana se factura a favor de periodistas que luego son blandos con quienes les otorgan esos contratos.
“Tales abusos, que hemos conceptualizado como `censura indirecta´ o ´sutil´, no son totalmente nuevos. Aquello que los diferencia de otras violaciones más obvias y frecuentemente documentadas –tales como acoso judicial o actos de violencia e intimidación contra periodistas– es que en gran parte permanecen invisibles para el público en general, mientras proyectan una amplia e insidiosa sombra sobre la libertad de expresión.”, reza el resumen ejecutivo.
Lord Acton resumía por qué hay que tener cuidado con esas relaciones peligrosas: “El poder tiende a corromper”.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Señor de Sipán
En la prensa como los círculos de poder todavía se especulan sobre lo que pudo ser más que un rumor, el que un entonces entrante Presidente García haya pedido a inicio de su gobierno de 1985 la salida de Panamerica TV del joven Jaime Bayly –iniciado en las irreverencias que serían su sello en adelante- por haber sugerido que el electo mandatario tomaba cierto medicamento para esquizofrenia. Uno de los vladivideos que explotaron en la cara del pueblo peruano para la abrupta defenestración del régimen fujimontesinista muestra a un Genaro Delgado Parker ofreciendo la salida de su canal, también Pantel, del periodista top del momento, César Hildebrandt.
O sea, precedentes hay. Pero no siempre las formas son así de directas, contundentes. En “El Precio del Silencio, Abuso de publicidad oficial y otras formas de censura indirecta en América Latina”, Informe conjunto del Open Society Justice Iniative y Asociación de los Derechos Civiles, presentado este año, se da cuenta –como el titulo lo adelanta- de una serie de prácticas en las que el poder política mete sus narices para que el periodismo le sea favorable con comentarios auspiciosos o se calle la boca en siete idiomas.
La investigación, cualitativa, fue aplicada por equipos multidisciplinarios en Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, Perú y Uruguay. De nuestro país resalta cómo entre 2006 y 2007, el ministro de Vivienda utilizó contratos publicitarios gubernamentales para “comprar” una cobertura favorable a su ministerio y a su persona en tres periódicos y el presidente se negó a condenar tal abuso. Pero el informe es más rico en casos similares, en los que gobiernos locales y regionales del Perú dispusieron de fondos de publicidad oficial para obtener el favor periodístico. Sabido es, por ejemplo, como sobre todo en radio provinciana se factura a favor de periodistas que luego son blandos con quienes les otorgan esos contratos.
“Tales abusos, que hemos conceptualizado como `censura indirecta´ o ´sutil´, no son totalmente nuevos. Aquello que los diferencia de otras violaciones más obvias y frecuentemente documentadas –tales como acoso judicial o actos de violencia e intimidación contra periodistas– es que en gran parte permanecen invisibles para el público en general, mientras proyectan una amplia e insidiosa sombra sobre la libertad de expresión.”, reza el resumen ejecutivo.
Lord Acton resumía por qué hay que tener cuidado con esas relaciones peligrosas: “El poder tiende a corromper”.
*Director de Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Señor de Sipán
Falsas buenas noticias
Un viejo cliché, usado en los predios del periodismo reza que para que un hecho sea noticia debe de tener un coctel de, más o menos, estos ingredientes: sexo, dinero, mentiras. No en vano, García Márquez ha dicho que “El periodismo es el deslumbramiento de la noticia.”
El miércoles 12 de noviembre pasado circuló en los EE.UU. una edición única del celebérrimo New York Times íntegro de buenas nuevas. Por el ciberespacio su versión digital podía verse desde cualquier computador del planeta. La noticia estrella, abridora de página, era “Termina la guerra de Irak”.
Los contenidos eran, obviamente, falsos, mismos que de por sí, por su abrumadora bondad son impensables al menos juntos en el mundo de ahora, ayer y siempre (recuerde usted la letra de esa salsa que importalizó Lavoe, “el mundo reza que reza/ pa´que se acabe la guerra/eso no se va a acabar/eso será una rareza”). Pero además por una pista escrita en cada página en letra de ocho puntos, la fecha de edición: 4 de julio de 2009.
Se trató de una travesura bien montada por un grupo de activistas, que justificaron la edición hechiza en que en los últimos ocho años se la pasaron soñando con un mundo mejor. Y que era una suerte de llamado de atención tanto a los ciudadanos como a los políticos –llamado directo al nuevo mandatario de los EE.UU. Barack Obama- para que tomen las riendas de un verdadero cambio.
En “Periodismo, noticia y noticiabilidad”, la profesora Stella Martini, recuerda que el periodista no sólo “escribe” sino que construye la información, entendida esta construcción como una tarea valorativa, interpretativa. Pero como en todo proceso humano, los mandatos, axiomas para llegar a ellos, se vuelven un corsé que puede inclinar la balanza de las cosas hacia un lado. Eso puede estar pasando con las noticias, al dejar porcentualmente de lado aquellas que precisamente son o pueden ser buenas noticias.
En esa vorágine que encierra a los procesos de la información periodística, potenciada además ahora por el boom de nuevas tecnologías, la mirada hacia lo positivo suele ser menor, ínfima, incluso, no pocas veces, inexistente. Algunos medios que reparan en ello se ponen cuotas de “buenas noticias”, para oxigenar la idea ante los lectores de que el mundo es enteramente malo.
Hago este ejercicio de reflexión como un compromiso de parte. Ante los alumnos de un curso taller de producción y redacción periodística, les he venido alentando -sin querer justifico- que el país es un todo maravilloso para el periodismo porque nunca faltan accidentes, funcionarios corruptos, obras mal hechas que caen por su propio peso, alza de precios y una serie de negativas que sólo retratan un lado de la situación. ¿Y si vemos el mundo con mayor optimismo? Seguro, confío, que del mismo cuero sacamos más correas.
El miércoles 12 de noviembre pasado circuló en los EE.UU. una edición única del celebérrimo New York Times íntegro de buenas nuevas. Por el ciberespacio su versión digital podía verse desde cualquier computador del planeta. La noticia estrella, abridora de página, era “Termina la guerra de Irak”.
Los contenidos eran, obviamente, falsos, mismos que de por sí, por su abrumadora bondad son impensables al menos juntos en el mundo de ahora, ayer y siempre (recuerde usted la letra de esa salsa que importalizó Lavoe, “el mundo reza que reza/ pa´que se acabe la guerra/eso no se va a acabar/eso será una rareza”). Pero además por una pista escrita en cada página en letra de ocho puntos, la fecha de edición: 4 de julio de 2009.
Se trató de una travesura bien montada por un grupo de activistas, que justificaron la edición hechiza en que en los últimos ocho años se la pasaron soñando con un mundo mejor. Y que era una suerte de llamado de atención tanto a los ciudadanos como a los políticos –llamado directo al nuevo mandatario de los EE.UU. Barack Obama- para que tomen las riendas de un verdadero cambio.
En “Periodismo, noticia y noticiabilidad”, la profesora Stella Martini, recuerda que el periodista no sólo “escribe” sino que construye la información, entendida esta construcción como una tarea valorativa, interpretativa. Pero como en todo proceso humano, los mandatos, axiomas para llegar a ellos, se vuelven un corsé que puede inclinar la balanza de las cosas hacia un lado. Eso puede estar pasando con las noticias, al dejar porcentualmente de lado aquellas que precisamente son o pueden ser buenas noticias.
En esa vorágine que encierra a los procesos de la información periodística, potenciada además ahora por el boom de nuevas tecnologías, la mirada hacia lo positivo suele ser menor, ínfima, incluso, no pocas veces, inexistente. Algunos medios que reparan en ello se ponen cuotas de “buenas noticias”, para oxigenar la idea ante los lectores de que el mundo es enteramente malo.
Hago este ejercicio de reflexión como un compromiso de parte. Ante los alumnos de un curso taller de producción y redacción periodística, les he venido alentando -sin querer justifico- que el país es un todo maravilloso para el periodismo porque nunca faltan accidentes, funcionarios corruptos, obras mal hechas que caen por su propio peso, alza de precios y una serie de negativas que sólo retratan un lado de la situación. ¿Y si vemos el mundo con mayor optimismo? Seguro, confío, que del mismo cuero sacamos más correas.
lunes, 10 de noviembre de 2008
En Defensa de la prueba prohibida
Luego de agitar el avispero y desembocar en el caso más sonado de corrupción de funcionarios de los últimos años -mismo que expuso ante el colectivo nacional la calaña de Rómulo León, Alberto Quimper y Ernesto Arias Schreiber- los audios obtenidos por interceptación telefónica que posibilitaron la denuncia han comenzado a ser analizados polarizadamente y ser vistos, por un lado, como necesarios pero también, del otro, como delictivos.
En estricto, el derecho penal tiene a material procedente de actos ilícitos (y la interceptación telefónica lo es porque viola el secreto de las comunicaciones) como inviable en su calidad de prueba ante una denuncia. Se le llama la prueba prohibida. De acuerdo a lo que su concepto encierra, la prueba prohibida no sólo es inservible en un proceso judicial como tal para validar nada; sino que puede funcionar en un contrasentido para el que la usa. Para la Ley, el contenido de la prueba prohibida no vale aunque sí las consecuencias fácticas de lo que de ella se desprendan; ejemplo: una carta íntima en el que alguien se delata como narcotraficante no sirve, pero sí la evidencia de tenencia de drogas a los que la carta condujo.
Por esos vericuetos de la Ley, hoy se baraja denunciar a quienes se vincularon a la difusión de los audios por su obtención ilícita y su pública exposición. En esa lista están desde al ex ministro del interior y periodista Fernando Rospigliosi, hasta varios colegas suyos de diarios y magazines televisivos.
Un experto desde la rigurosidad del derecho intenta hacerme entender: Dentro del estado constitucional de derecho se reconocen una serie de mecanismos de control constitucional. Uno de esos mecanismos es el de control social, y uno de esos actores es precisamente el periodismo. “Pero tampoco pueden los periodistas escapar al mandato legal, de ningún modo”, enfatiza.
El periodismo sobre todo el de investigación tiene una importante tradición en usar medios y procedimientos que la ley lapida. Y no los usa en un ánimo trasgresor sino en pro de su practicidad, su eficiencia. ¿Pudo revelarse la corrupción fujimontesinista usando, por ejemplo, la ley de acceso a la información, esa misma que quieren sortear hasta los propios padres de la patria?, ¿habría sido posible llegar a saber que la congresista Margarita Sucari le recortaba abusivamente el sueldo a su trabajadora para favorecer a otros asesores por una entrevista formal de grabadora y libreta de apuntes o pidiéndole una declaración jurada?
La ley debe respetarse incluso y sobre todo en los países en vías de desarrollo, pero el periodismo para el que el interés nacional es mandato debe usar otras vías. Lo sabemos bien los periodistas tanto que más de uno está dispuesto a correr el riesgo de que le griten “al lobo, al lobo”, comerse un proceso que puede terminar en condena, antes de dejar lo que es claramente evidencia importante para desenmascarar sin miramientos a quien se lo merece.
En estricto, el derecho penal tiene a material procedente de actos ilícitos (y la interceptación telefónica lo es porque viola el secreto de las comunicaciones) como inviable en su calidad de prueba ante una denuncia. Se le llama la prueba prohibida. De acuerdo a lo que su concepto encierra, la prueba prohibida no sólo es inservible en un proceso judicial como tal para validar nada; sino que puede funcionar en un contrasentido para el que la usa. Para la Ley, el contenido de la prueba prohibida no vale aunque sí las consecuencias fácticas de lo que de ella se desprendan; ejemplo: una carta íntima en el que alguien se delata como narcotraficante no sirve, pero sí la evidencia de tenencia de drogas a los que la carta condujo.
Por esos vericuetos de la Ley, hoy se baraja denunciar a quienes se vincularon a la difusión de los audios por su obtención ilícita y su pública exposición. En esa lista están desde al ex ministro del interior y periodista Fernando Rospigliosi, hasta varios colegas suyos de diarios y magazines televisivos.
Un experto desde la rigurosidad del derecho intenta hacerme entender: Dentro del estado constitucional de derecho se reconocen una serie de mecanismos de control constitucional. Uno de esos mecanismos es el de control social, y uno de esos actores es precisamente el periodismo. “Pero tampoco pueden los periodistas escapar al mandato legal, de ningún modo”, enfatiza.
El periodismo sobre todo el de investigación tiene una importante tradición en usar medios y procedimientos que la ley lapida. Y no los usa en un ánimo trasgresor sino en pro de su practicidad, su eficiencia. ¿Pudo revelarse la corrupción fujimontesinista usando, por ejemplo, la ley de acceso a la información, esa misma que quieren sortear hasta los propios padres de la patria?, ¿habría sido posible llegar a saber que la congresista Margarita Sucari le recortaba abusivamente el sueldo a su trabajadora para favorecer a otros asesores por una entrevista formal de grabadora y libreta de apuntes o pidiéndole una declaración jurada?
La ley debe respetarse incluso y sobre todo en los países en vías de desarrollo, pero el periodismo para el que el interés nacional es mandato debe usar otras vías. Lo sabemos bien los periodistas tanto que más de uno está dispuesto a correr el riesgo de que le griten “al lobo, al lobo”, comerse un proceso que puede terminar en condena, antes de dejar lo que es claramente evidencia importante para desenmascarar sin miramientos a quien se lo merece.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Simon y el futuro diferente
Ésta que acaba no ha sido una semana buena para el ya no tan flamante Presidente del Consejo de Ministros Yehude Simon Munaro. Levantamientos en Sicuani, Moquegua, San Martín, Cajamarca e incluso Lima (Polvos Azules) han hecho que el conocido Presidente Regional de Lambayeque, ahora con licencia para servir al Ejecutivo, termine antes de lo previsto su luna de miel con varios gremios que si bien acudieron a su llamado para dialogar una tregua, luego y muy pronto además, hayan preferido otras vías menos pacíficas.
Cuando hace casi tres semanas Simon Munaro aceptara el premierato para un gobierno que es aprista, los analistas se preguntaron qué ecuación proyectaba el hoy socialista progresista para su mismo futuro como político y qué otra, o la misma, para el tratamiento de un descontento en unos sectores que como Salud e Interior, clamaban por algo mucho más contundente que esas estrategias apaga incendios de su predecesor Jorge del Castillo.
Simon empezó bien. Capeó a quienes hurgaron en su pasado rojo. En la prensa, que le fue auspiciosa en general, no dejó pasar la oportunidad para resolverse como un conciliador dispuesto a dialogar hasta con el diablo por el bien del Perú. Se reunió ipso facto con líderes políticos opositores y representantes sindicales y colegiados hartos de promesas. Luego Simon tuvo una ida de boca en el caso del hoy ex Jefe de Policía vs Ministro del Interior, pero pocos repararon en este desacierto de iniciado.
Sin embargo, y al margen de ese pequeño detalle, hoy de Simon los políticos, gremios y la población en suma parecen esperar más. Varios caos salpicados a lo largo del territorio, esta semana, lo apuran a respuestas que el Premier se tarda en dar. Algunos políticos y sindicalistas con los que se ha reunido, como Ollanta Humala y Mario Huamán, por ejemplo, ya comienzan a distanciársele.
Simon Munaro y gabinete deberán presentarse ante el Congreso en unos días. El artículo 130 de la Constitución, manda que al mes de haber asumido sus funciones, premier y ministros deben exponer y debatir la política general del gobierno y las medidas que requiera su gestión, para que el Parlamento les de voto de confianza. Pero las cosas, como se ve, no son auspiciosas al Premier.
Es muy pronto para bajarle los pulgares a Simon Munaro. También es prematuro para aplaudirle. Pero ese momento de calificarle puede que le llegue antes de lo que él se imagine, y si se da la primera de las dos opciones, sólo lo va hacer regresar a Lambayeque con el rabo entre las piernas. Al menos que los vientos soplen esta vez a su favor y que de verdad tenga un plan urgente para contrarrestar todo lo que ahora le es adverso.
Cuando hace casi tres semanas Simon Munaro aceptara el premierato para un gobierno que es aprista, los analistas se preguntaron qué ecuación proyectaba el hoy socialista progresista para su mismo futuro como político y qué otra, o la misma, para el tratamiento de un descontento en unos sectores que como Salud e Interior, clamaban por algo mucho más contundente que esas estrategias apaga incendios de su predecesor Jorge del Castillo.
Simon empezó bien. Capeó a quienes hurgaron en su pasado rojo. En la prensa, que le fue auspiciosa en general, no dejó pasar la oportunidad para resolverse como un conciliador dispuesto a dialogar hasta con el diablo por el bien del Perú. Se reunió ipso facto con líderes políticos opositores y representantes sindicales y colegiados hartos de promesas. Luego Simon tuvo una ida de boca en el caso del hoy ex Jefe de Policía vs Ministro del Interior, pero pocos repararon en este desacierto de iniciado.
Sin embargo, y al margen de ese pequeño detalle, hoy de Simon los políticos, gremios y la población en suma parecen esperar más. Varios caos salpicados a lo largo del territorio, esta semana, lo apuran a respuestas que el Premier se tarda en dar. Algunos políticos y sindicalistas con los que se ha reunido, como Ollanta Humala y Mario Huamán, por ejemplo, ya comienzan a distanciársele.
Simon Munaro y gabinete deberán presentarse ante el Congreso en unos días. El artículo 130 de la Constitución, manda que al mes de haber asumido sus funciones, premier y ministros deben exponer y debatir la política general del gobierno y las medidas que requiera su gestión, para que el Parlamento les de voto de confianza. Pero las cosas, como se ve, no son auspiciosas al Premier.
Es muy pronto para bajarle los pulgares a Simon Munaro. También es prematuro para aplaudirle. Pero ese momento de calificarle puede que le llegue antes de lo que él se imagine, y si se da la primera de las dos opciones, sólo lo va hacer regresar a Lambayeque con el rabo entre las piernas. Al menos que los vientos soplen esta vez a su favor y que de verdad tenga un plan urgente para contrarrestar todo lo que ahora le es adverso.
Lecciones sueltas del caso Medina
Magaly Medina fue a parar a prisión. Desde la semana pasada, su caso, vuelto rapidito comentario común y masivo, agenda nacional, cuestión de estado, deja hasta el momento unas lecciones que este servidor recopila luego de tantas idas y venidas oídas, comentadas -algunas compartidas otras contrastadas- y que expongo ante el colectivo para que el debate prosiga o cese:
Uno. El país ante el fenómeno de la urraca se denuncia como una nación sui géneris. Somos quizá la única nación del mundo en la que el comunicador más influyente es un periodista de espectáculos, de periodismo ramplón además, ese que escarba en la basura del ojo ajeno (lo marcan los estudios de opinión serios y las manifestaciones populares que pidieron su libertad inmediata). La misma periodista es además la más pagada en el medio, por encima de otros periodistas de líneas más blancas, más progresistas, más serias.
Dos. La justicia en el país tarda. A veces mucho. A veces siempre. Unas veces llega. Medina suma en su haber 11 años en TV, 13 demandas y cinco sanciones. Sus expedientes en el poder judicial repiten un lugar común: la dama se excede, salta la valla de la libertad de expresión, confunde opinión con afirmación de hechos que no puede probar del todo (como esta última vez). La pena para el expediente Medina-Guerrero resume, así, un recorrido con ánimo de reincidencia en la polémica conductora. Los jueces revisan contextos, las sentencias nunca son en ese sentido subjetivas (¿debieran serlo?). Una justicia objetiva solo podría ser administrada por robots.
Tres. Los veredictos judiciales en el Perú no se aceptan fácilmente. Ante toda resolución de litigio, las opiniones se marcarán dos posturas: a) la resolución es justa y b) la resolución es injusta. Coincidentemente, los promotores de “A” son desde el condenado, la familia, allegados y similares (un periodista se sentirá en el pellejo de otro periodista, por ejemplo). Los del grupo “B” siempre serán el demandante, también su familia, allegados y similares. Alguien menciona el caso Paris Hilton en EE.UU. Su pena de cárcel efectiva, cortita pero pena al fin y al cabo, le dolió, le arrancó llanto, pero la cumplió sin más.
Cuatro. La libre expresión tiene que gozar en el Perú como en el mundo del más amplio respeto y promoción… pero el apego a la verdad y a la reserva de la intimidad también. Una sentencia del Tribunal Constitucional precisamente para un caso previo de la Medina, nos recuerda, que ambos derechos, el de expresión e intimidad, deben de estar en un mismo nivel jerárquico: el primero no puede superponérsele, atropellarlo.
Corolario. El país debe de agradecer, finalmente, el fenómeno Medina que con su caso resuelto -qué se va a hacer, en su contra- sienta un importante precedente para marcar límites y sentar caminos en una sociedad que se desvía por naturaleza (concupiscencia, le llamaban los filósofos religiosos). Gracias, urraca.
Uno. El país ante el fenómeno de la urraca se denuncia como una nación sui géneris. Somos quizá la única nación del mundo en la que el comunicador más influyente es un periodista de espectáculos, de periodismo ramplón además, ese que escarba en la basura del ojo ajeno (lo marcan los estudios de opinión serios y las manifestaciones populares que pidieron su libertad inmediata). La misma periodista es además la más pagada en el medio, por encima de otros periodistas de líneas más blancas, más progresistas, más serias.
Dos. La justicia en el país tarda. A veces mucho. A veces siempre. Unas veces llega. Medina suma en su haber 11 años en TV, 13 demandas y cinco sanciones. Sus expedientes en el poder judicial repiten un lugar común: la dama se excede, salta la valla de la libertad de expresión, confunde opinión con afirmación de hechos que no puede probar del todo (como esta última vez). La pena para el expediente Medina-Guerrero resume, así, un recorrido con ánimo de reincidencia en la polémica conductora. Los jueces revisan contextos, las sentencias nunca son en ese sentido subjetivas (¿debieran serlo?). Una justicia objetiva solo podría ser administrada por robots.
Tres. Los veredictos judiciales en el Perú no se aceptan fácilmente. Ante toda resolución de litigio, las opiniones se marcarán dos posturas: a) la resolución es justa y b) la resolución es injusta. Coincidentemente, los promotores de “A” son desde el condenado, la familia, allegados y similares (un periodista se sentirá en el pellejo de otro periodista, por ejemplo). Los del grupo “B” siempre serán el demandante, también su familia, allegados y similares. Alguien menciona el caso Paris Hilton en EE.UU. Su pena de cárcel efectiva, cortita pero pena al fin y al cabo, le dolió, le arrancó llanto, pero la cumplió sin más.
Cuatro. La libre expresión tiene que gozar en el Perú como en el mundo del más amplio respeto y promoción… pero el apego a la verdad y a la reserva de la intimidad también. Una sentencia del Tribunal Constitucional precisamente para un caso previo de la Medina, nos recuerda, que ambos derechos, el de expresión e intimidad, deben de estar en un mismo nivel jerárquico: el primero no puede superponérsele, atropellarlo.
Corolario. El país debe de agradecer, finalmente, el fenómeno Medina que con su caso resuelto -qué se va a hacer, en su contra- sienta un importante precedente para marcar límites y sentar caminos en una sociedad que se desvía por naturaleza (concupiscencia, le llamaban los filósofos religiosos). Gracias, urraca.
jueves, 23 de octubre de 2008
De ratas y otras alimañas
Cuando en el pico de su enojo el Presidente García llamó con el nombre del roedor más famoso del mundo animal a los protagonistas del petroescándalo que le estalló en la cara a los apristas y a todo el país, hace un par de semanas, el mismo mandatario seguramente no imaginó las posiciones que llovieron luego sobre el uso del referente, al margen de las indignaciones lógicas sobre el propio episodio de corrupción.
“Bieto” Quimper ha rechazado el comparativo; pero no vale, no puede ser juez y parte (aunque ya quisiera ser juez del ilícito del que fue parte). Jaime Bayly le ha restado autoridad a García Pérez para usar la analogía y ha extendido una propia: frente a las ratas, el presidente sería una muca o un ronsoco, roedores de mayor tamaño que una rata. Exceso del escritor, uno más, pero también una falta de reparo en el sentido transliteral que el vocablo “rata” busca.
Aludir a un roedor más grande no representa una relación proporcional a las adjetivaciones que supone usar “rata”. Para la Academia de la Lengua, sólo ella, ningún pariente cercano o lejano alude lo que le reserva la cuarta de siete acepciones del diccionario: “Persona despreciable” (salvo pericote que, sinónimo de ratón, no aparece en el diccionario aún con el figurativo de ladronzuelo que le damos en el Perú). El sexto significado va por “ratero”, es decir un derivado, “ladrón que hurta cosas de poco valor”.
Con la acepción autorizada, “ser rata” en Hispanoamérica -en algunos países más que en otros- pasa desde ser un sinvergüenza a la mala, un delincuente de mayores, a un traidor de amplio espectro. ¿Usó mal el término el Presidente?
En occidente, como animal símbolo, la rata tiene mala reputación a diferencia de oriente donde llega a formar parte de tradiciones de culto. En India se le venera y los hindúes se permiten en ciertas fechas comer con ellas -perdón, después de ellas- en ceremonias abiertas. Los chinos han hecho de la rata una de sus doce deidades de su zodiaco, en alusión a su agilidad e inteligencia.
Pero para Europa la rata ha sido trasmisora de la peste negra en el siglo XIV y el principal devastador de sus despensas primero en los feudos, luego en las ciudades y más tarde en los barcos con los que se cruzó a América. Si sólo la peste mató en un momento dado de la historia a las tres cuartas partes de Europa, es casi comprensible que la rata goce de tanta mala imagen.
Ni Mickey Mouse ni Ratatouille, pasando por Ignacio, ratones, en todo caso, han podido contravenir con unas relaciones públicas más bien recientes (Miguelito tiene poco más de 60 años, apenas) lo que más de siete siglos han hecho en contra de la rata.
“Bieto” Quimper ha rechazado el comparativo; pero no vale, no puede ser juez y parte (aunque ya quisiera ser juez del ilícito del que fue parte). Jaime Bayly le ha restado autoridad a García Pérez para usar la analogía y ha extendido una propia: frente a las ratas, el presidente sería una muca o un ronsoco, roedores de mayor tamaño que una rata. Exceso del escritor, uno más, pero también una falta de reparo en el sentido transliteral que el vocablo “rata” busca.
Aludir a un roedor más grande no representa una relación proporcional a las adjetivaciones que supone usar “rata”. Para la Academia de la Lengua, sólo ella, ningún pariente cercano o lejano alude lo que le reserva la cuarta de siete acepciones del diccionario: “Persona despreciable” (salvo pericote que, sinónimo de ratón, no aparece en el diccionario aún con el figurativo de ladronzuelo que le damos en el Perú). El sexto significado va por “ratero”, es decir un derivado, “ladrón que hurta cosas de poco valor”.
Con la acepción autorizada, “ser rata” en Hispanoamérica -en algunos países más que en otros- pasa desde ser un sinvergüenza a la mala, un delincuente de mayores, a un traidor de amplio espectro. ¿Usó mal el término el Presidente?
En occidente, como animal símbolo, la rata tiene mala reputación a diferencia de oriente donde llega a formar parte de tradiciones de culto. En India se le venera y los hindúes se permiten en ciertas fechas comer con ellas -perdón, después de ellas- en ceremonias abiertas. Los chinos han hecho de la rata una de sus doce deidades de su zodiaco, en alusión a su agilidad e inteligencia.
Pero para Europa la rata ha sido trasmisora de la peste negra en el siglo XIV y el principal devastador de sus despensas primero en los feudos, luego en las ciudades y más tarde en los barcos con los que se cruzó a América. Si sólo la peste mató en un momento dado de la historia a las tres cuartas partes de Europa, es casi comprensible que la rata goce de tanta mala imagen.
Ni Mickey Mouse ni Ratatouille, pasando por Ignacio, ratones, en todo caso, han podido contravenir con unas relaciones públicas más bien recientes (Miguelito tiene poco más de 60 años, apenas) lo que más de siete siglos han hecho en contra de la rata.
martes, 14 de octubre de 2008
Clases de cívica con la urraca
Magali Medina le ha vuelto a sacar la vuelta a todos los peruanos de buena fe y ha convertido lo que pudo ser una sanción ejemplar a sus idas de boca, en un reality donde ella misma es la protagonista central: el miércoles 26 empezó la primera de 17 jornadas de servicio comunitaria hablando sobre el riesgo personal y social que supone el consumo de drogas con un grupo de 200 escolares limeños y acompañada por un “panel” de jóvenes promesas del canto.
La urraca más odiada (pero también más vista por TV) del Perú ha dejado sentada una habilidad para sortear los vientos en contra, y volar a sus anchas. Asesorada por Nakazaki, abogado experimentado en encontrarle recovecos positivos a la cualquier ley por encima que dispare en la propia cara (he allí el juicio “dorado” a Fujimori), la condena que dictara un juez sobre el caso de presunta difamación contra el productor Efraín Aguilar ha sido cumplida a pie juntillas pero con los agregados de las luminarias, el making off, el show televisivo en suma.
La diva peruana -lo es a su modo, un modo chicha además, pese a quien le pese- engrosa la larga lista de condenados no a cárcel sino servicios forzados, que sólo en los últimos años ha conocido de nombres de cantantes, modelos, magnates y más gente bien, farandulera ella.
Los jueces usan la figura de las penas a servicios comunitarios en casos a famosos, por algunas razones que no escapan al sentido común, trata de explicarme un especialista. Imponer reparaciones civiles cuantiosas no afecta la susceptibilidad de quien tiene dinero de sobra y se baña bien en miles dólares. Castigar con pena privativa es un camino, pero hacerlo a un periodista por asuntos tan en la delgada línea roja que separa los derechos del honor y la intimidad con los de la expresión, pueden tomarse como un atropello a estos últimos.
La salida es, pues, los servicios forzados. Pero nadie fuerza a la urraca. O sí: sólo el rating. Que a mi parecer, es más que su oficio, dinero o pasión. Lo que Medina hace metiendo las narices en los “pecados” públicos de vedettes y peloteros, de comediantes y actores, es su droga. Lo que gana comentando con malicia de fulano y perencejo es su oxígeno. De eso, modulada o recargada ya nadie la saca. “La urraca no se regenera ya”, me advierte un psicólogo clínico.
Por eso yo he “celebrado” el modo en que la conductora del chismógrafo ha salido de ésta. Su contundencia de diablilla para retorcer el espíritu inocente de un juez que cree en la ley. Su argucia para voltear la pena y la condena. Y reirse –finalmente- de todo eso, otra vez de todo lo que hace.
La urraca más odiada (pero también más vista por TV) del Perú ha dejado sentada una habilidad para sortear los vientos en contra, y volar a sus anchas. Asesorada por Nakazaki, abogado experimentado en encontrarle recovecos positivos a la cualquier ley por encima que dispare en la propia cara (he allí el juicio “dorado” a Fujimori), la condena que dictara un juez sobre el caso de presunta difamación contra el productor Efraín Aguilar ha sido cumplida a pie juntillas pero con los agregados de las luminarias, el making off, el show televisivo en suma.
La diva peruana -lo es a su modo, un modo chicha además, pese a quien le pese- engrosa la larga lista de condenados no a cárcel sino servicios forzados, que sólo en los últimos años ha conocido de nombres de cantantes, modelos, magnates y más gente bien, farandulera ella.
Los jueces usan la figura de las penas a servicios comunitarios en casos a famosos, por algunas razones que no escapan al sentido común, trata de explicarme un especialista. Imponer reparaciones civiles cuantiosas no afecta la susceptibilidad de quien tiene dinero de sobra y se baña bien en miles dólares. Castigar con pena privativa es un camino, pero hacerlo a un periodista por asuntos tan en la delgada línea roja que separa los derechos del honor y la intimidad con los de la expresión, pueden tomarse como un atropello a estos últimos.
La salida es, pues, los servicios forzados. Pero nadie fuerza a la urraca. O sí: sólo el rating. Que a mi parecer, es más que su oficio, dinero o pasión. Lo que Medina hace metiendo las narices en los “pecados” públicos de vedettes y peloteros, de comediantes y actores, es su droga. Lo que gana comentando con malicia de fulano y perencejo es su oxígeno. De eso, modulada o recargada ya nadie la saca. “La urraca no se regenera ya”, me advierte un psicólogo clínico.
Por eso yo he “celebrado” el modo en que la conductora del chismógrafo ha salido de ésta. Su contundencia de diablilla para retorcer el espíritu inocente de un juez que cree en la ley. Su argucia para voltear la pena y la condena. Y reirse –finalmente- de todo eso, otra vez de todo lo que hace.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Cómo cazar un otorongo
Rosa María Palacios ha comenzado cruzada a partir una columna en Perú 21 hace dos sábados. Amparada en la Ley de Acceso a la Información Pública, pidió con candidez –como reconoce- el registro y documentación de los gastos de cuatro congresistas. Por supuesto no hubo respuesta, o sí la hubo pero negando el pedido por “una supuesta auditoría”.
A partir de su desazón, la archiconocida abogada, ha insistido de viva voz durante la semana pasada en su programa televisivo que los ciudadanos interesados en ejercer su ciudadanía envíen una solicitud al Congreso pidiendo cuentas a algún congresista, mejor si es el que uno votó.
William Vásquez, blogger de "El Paki", ha aprovechado las posibilidades de interacción de la blogósfera y ha echado a correr una iniciativa en cuatro pasos sencillos: 1) Escoger un congresista, 2) Envíale la carta (mejor dejarla en Mesa de Partes del Congreso pero no se descartan otras vías), 3) Poner en el propio blog un banner para lo que Paki facilita una plantilla. 4) Publicar cada semana un post de seguimiento en el blog.
Se ha sumado otra parte del periodismo. Y la respuesta ha sido un cierrapuertas. Perú 21 ha pedido información de cinco parlamentarios. Le han respondido cumplido el plazo de Ley alegando “reserva”, a todas luces una violación, pues no se basa en ninguna excepción establecida en la Ley.
Con eso, ahora hay más sobradas razones para dudar de los parlamentarios (52% tiene denuncias por ilícitos, de acuerdo a la Comisión de Ética del mismo Congreso). Pero aunque incluso sobre las dudas, los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de fiscalizar a nuestras autoridades, de ejercer el control, de pedirles cuenta de sus actos.
Un documento de la defensoría del Pueblo nos recuerda: ”la vigilancia ciudadana es una forma de ejercicio de la ciudadanía, de llevar a la práctica un derecho y una responsabilidad de las personas que pertenecemos a una sociedad y un estado.” Como recuerdo haber leído en otro texto, a la ciudadanía y la democracia hay que conquistarlas, hacerlas nuestras día a día.
Yo, confieso, me he subido al carro de la periodista y el blogger. Y he subido conmigo a una mancha de inquietos alumnos de la universidad. Hemos apuntado a los cinco congresistas de Lambayeque pero tenemos fuerzas y frente en alto para apuntar a algunos otros de regiones próximas.
No vamos a tener que viajar a dejar solicitudes de información, sobre todo de los gastos operativos. Usaremos el fax nomás y esperaremos respuesta. El tiempo que establece la Ley. Luego veremos. A lo mejor –tenemos esperanza- el otorongo al final no es tan fiero como lo pintan.
A partir de su desazón, la archiconocida abogada, ha insistido de viva voz durante la semana pasada en su programa televisivo que los ciudadanos interesados en ejercer su ciudadanía envíen una solicitud al Congreso pidiendo cuentas a algún congresista, mejor si es el que uno votó.
William Vásquez, blogger de "El Paki", ha aprovechado las posibilidades de interacción de la blogósfera y ha echado a correr una iniciativa en cuatro pasos sencillos: 1) Escoger un congresista, 2) Envíale la carta (mejor dejarla en Mesa de Partes del Congreso pero no se descartan otras vías), 3) Poner en el propio blog un banner para lo que Paki facilita una plantilla. 4) Publicar cada semana un post de seguimiento en el blog.
Se ha sumado otra parte del periodismo. Y la respuesta ha sido un cierrapuertas. Perú 21 ha pedido información de cinco parlamentarios. Le han respondido cumplido el plazo de Ley alegando “reserva”, a todas luces una violación, pues no se basa en ninguna excepción establecida en la Ley.
Con eso, ahora hay más sobradas razones para dudar de los parlamentarios (52% tiene denuncias por ilícitos, de acuerdo a la Comisión de Ética del mismo Congreso). Pero aunque incluso sobre las dudas, los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de fiscalizar a nuestras autoridades, de ejercer el control, de pedirles cuenta de sus actos.
Un documento de la defensoría del Pueblo nos recuerda: ”la vigilancia ciudadana es una forma de ejercicio de la ciudadanía, de llevar a la práctica un derecho y una responsabilidad de las personas que pertenecemos a una sociedad y un estado.” Como recuerdo haber leído en otro texto, a la ciudadanía y la democracia hay que conquistarlas, hacerlas nuestras día a día.
Yo, confieso, me he subido al carro de la periodista y el blogger. Y he subido conmigo a una mancha de inquietos alumnos de la universidad. Hemos apuntado a los cinco congresistas de Lambayeque pero tenemos fuerzas y frente en alto para apuntar a algunos otros de regiones próximas.
No vamos a tener que viajar a dejar solicitudes de información, sobre todo de los gastos operativos. Usaremos el fax nomás y esperaremos respuesta. El tiempo que establece la Ley. Luego veremos. A lo mejor –tenemos esperanza- el otorongo al final no es tan fiero como lo pintan.
¿Te atrasa la tecnología?
No sé si a la mayoría pero a mí la tecnología todavía me deja con la boca abierta. Más que por lo que logra, por la velocidad con que se superpone. Anécdota: hace un mes me compre un mp3 para escuchar música mientras hago footing por las mañanas. Un alumno me lo ve mientras cargo su batería en la lab top en horas de oficina. Se burla de mí, me dice que ya salió el mp4 y que también el ipod. Moraleja: en la escala alimenticia de la tecnología estoy tres escalones abajo.
Los jóvenes viven la tecnología y no se sorprenden con ella ni con sus cambios. Se los he dicho en un discurso. La generación de los 20 años y los 25 han nacido en plena época de la PC y sus hermanos menores han hecho sus tareas escolares con la ayuda de la Internet. Para ellos la TV siempre ha sido a colores, ver cine se ve mejor en casa en DVD (y acaso les suene a algo remoto Betamax o Betascam). Pero esa vorágine alcanza conceptos: para ellos la guerra entre los países de la Europa Oriental es un exabrupto, un rezago de violencia aislada como les parece la de Medio Oriente, porque no recuerdan que hace poquito nomás Montenegro, un país pequeño al lado de Serbia y Yugoslavia, hace poquito era Serbia y Montenegro (todo junto) y antes ambas hoy naciones separadas eran parte de Yugoslavia.
Para los jóvenes el mundo es hoy. Y este hoy nunca fue distinto que un ayer que no percibieron en su transición hacia ser otro tiempo. Pero lo fue. Y lo fue con una línea divisoria que 25 años antes de que nacieran se podía palpar casi con las manos. La TV emergió hace 50 años en el Perú y reubicó a la radio y a la prensa, y 20 años después llegó la computadora, unos años antes de que mis alumnos nacieran. Los mayores decimos esto con apasionamiento, porque en tanto mayor eres tienes mejor sentido de la nostalgia… y además mejor capacidad para mirar incluso mucho más atrás de tu tiempo.
La renovación de la tecnología y sus procesos nos dejan perplejos porque se superponen de un modo que ha superado cualquier velocidad de adaptación antes conocida (y les hablo de velocidades físicas como los 5km/h que el hombre caminando a superado con los 20km/h de la bicicleta y así llegar a los 400km/h de un súper tren japonés a los 2000 km/h de los aviones de combate).
A los jóvenes les insto a que reparen en los cambios y que lean más allá de lo tecnológico: en las conceptualizaciones del mundo. Hoy el derecho no sólo es comercial o tributario; es también indígena y de grupos minoritarios; la administración de empresas y los negocios evalúan los recursos ambientales como factor generador de divisas sostenibles; las comunicaciones no son sólo periodismo, sino ahora periodismo participativo; el cine se vuelve cine social… Mirar con o sin nostalgia y entender que la ruedita del Ipod se mueve mientras todo el mundo se mueve.
Los jóvenes viven la tecnología y no se sorprenden con ella ni con sus cambios. Se los he dicho en un discurso. La generación de los 20 años y los 25 han nacido en plena época de la PC y sus hermanos menores han hecho sus tareas escolares con la ayuda de la Internet. Para ellos la TV siempre ha sido a colores, ver cine se ve mejor en casa en DVD (y acaso les suene a algo remoto Betamax o Betascam). Pero esa vorágine alcanza conceptos: para ellos la guerra entre los países de la Europa Oriental es un exabrupto, un rezago de violencia aislada como les parece la de Medio Oriente, porque no recuerdan que hace poquito nomás Montenegro, un país pequeño al lado de Serbia y Yugoslavia, hace poquito era Serbia y Montenegro (todo junto) y antes ambas hoy naciones separadas eran parte de Yugoslavia.
Para los jóvenes el mundo es hoy. Y este hoy nunca fue distinto que un ayer que no percibieron en su transición hacia ser otro tiempo. Pero lo fue. Y lo fue con una línea divisoria que 25 años antes de que nacieran se podía palpar casi con las manos. La TV emergió hace 50 años en el Perú y reubicó a la radio y a la prensa, y 20 años después llegó la computadora, unos años antes de que mis alumnos nacieran. Los mayores decimos esto con apasionamiento, porque en tanto mayor eres tienes mejor sentido de la nostalgia… y además mejor capacidad para mirar incluso mucho más atrás de tu tiempo.
La renovación de la tecnología y sus procesos nos dejan perplejos porque se superponen de un modo que ha superado cualquier velocidad de adaptación antes conocida (y les hablo de velocidades físicas como los 5km/h que el hombre caminando a superado con los 20km/h de la bicicleta y así llegar a los 400km/h de un súper tren japonés a los 2000 km/h de los aviones de combate).
A los jóvenes les insto a que reparen en los cambios y que lean más allá de lo tecnológico: en las conceptualizaciones del mundo. Hoy el derecho no sólo es comercial o tributario; es también indígena y de grupos minoritarios; la administración de empresas y los negocios evalúan los recursos ambientales como factor generador de divisas sostenibles; las comunicaciones no son sólo periodismo, sino ahora periodismo participativo; el cine se vuelve cine social… Mirar con o sin nostalgia y entender que la ruedita del Ipod se mueve mientras todo el mundo se mueve.
Mujeres batalla
Un libro que se titula Historia de la Mujeres. Una historia propia es desde hace unos días casi toda mi compañía de lecturas. Es en realidad más que el compendio de 10 años de estudio específico pero con mirada multiangular, una joya de información, reflexión y crítica que aunque centra su atención en Europa puede ser el filtro para leer el fenómeno de la segregación por género que ha sufrido la especie humana desde sus albores en disfavor de la mitad de sus integrantes, las mujeres.
El texto es escrito por dos eminencias de la academia norteamericana en asuntos feministas y culturales, Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser. Aquélla profesora del Broklyn College y ésta, de la Internacional School de las Naciones Unidas, las dos empataron en un trabajo que parte de la premisa de una evidente disparidad entre lo que se sabe de las mujeres, ahora y antaño, y su porcentual inexistencia en la historia.
Escrita por hombres, la historia en realidad ha resultado borrando la presencia femenina en sus páginas y ha justificado en algunas taras como el machismo heredado de culturas importantes (la hebrea, la romana y la griega), los “pocos méritos de las mujeres” para incluirlas en sus páginas. S. Anderson y P. Zinsser sostienen que, por ejemplo, la guerra es una construcción y oficio no solo masculino sino también aplastante para las mujeres pues suponía que ante una guerra una mujer necesitaba la protección del varón.
Con todo y su literalidad y su espacio-tiempo específico, el texto puede interpretarse en la misma línea para sociedades más inmaduras en ese momento que la europea, por ejemplo la oriental o la Latinoamericana. Las mujeres de estas partes suelen tener mayores problemas para con su sexualidad juzgada en balanzas desequilibradas respecto a los varones (sólo en Lima Reniec acaba de detectar 911 casos de bigamia masculinas), perciben menos sueldos por trabajos por los que un hombre percibe más (véanse todos los reportes de OIT) y se confinan aún a su rol de madres aunque ahora deban de trabajar en otros oficios fuera de casa más que antes (la tasa de crecimiento promedio anual de la PEA femenina, creció por encima de su equivalente masculino en todos los departamentos, marca el censo 2007).
Las mujeres en la historia se han llamado Eva, Agripina y Juana de Arco. Y la misma historia ha dejado otros nombres, la gran mayoría, porque no ha encontrado como engarzarlas en su domesticidad o sus valores fuera del seno del hogar como hijas virginales, esposas fieles o madres abnegadas. Hoy, aun hoy, se sigue relegando sus nombres si cumplen estos papeles y apenas destacándolos cuando evidencian encarar las fuerzas masculinas de dominio casi en los mismos términos. Y eso no es simplemente justo.
El texto es escrito por dos eminencias de la academia norteamericana en asuntos feministas y culturales, Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser. Aquélla profesora del Broklyn College y ésta, de la Internacional School de las Naciones Unidas, las dos empataron en un trabajo que parte de la premisa de una evidente disparidad entre lo que se sabe de las mujeres, ahora y antaño, y su porcentual inexistencia en la historia.
Escrita por hombres, la historia en realidad ha resultado borrando la presencia femenina en sus páginas y ha justificado en algunas taras como el machismo heredado de culturas importantes (la hebrea, la romana y la griega), los “pocos méritos de las mujeres” para incluirlas en sus páginas. S. Anderson y P. Zinsser sostienen que, por ejemplo, la guerra es una construcción y oficio no solo masculino sino también aplastante para las mujeres pues suponía que ante una guerra una mujer necesitaba la protección del varón.
Con todo y su literalidad y su espacio-tiempo específico, el texto puede interpretarse en la misma línea para sociedades más inmaduras en ese momento que la europea, por ejemplo la oriental o la Latinoamericana. Las mujeres de estas partes suelen tener mayores problemas para con su sexualidad juzgada en balanzas desequilibradas respecto a los varones (sólo en Lima Reniec acaba de detectar 911 casos de bigamia masculinas), perciben menos sueldos por trabajos por los que un hombre percibe más (véanse todos los reportes de OIT) y se confinan aún a su rol de madres aunque ahora deban de trabajar en otros oficios fuera de casa más que antes (la tasa de crecimiento promedio anual de la PEA femenina, creció por encima de su equivalente masculino en todos los departamentos, marca el censo 2007).
Las mujeres en la historia se han llamado Eva, Agripina y Juana de Arco. Y la misma historia ha dejado otros nombres, la gran mayoría, porque no ha encontrado como engarzarlas en su domesticidad o sus valores fuera del seno del hogar como hijas virginales, esposas fieles o madres abnegadas. Hoy, aun hoy, se sigue relegando sus nombres si cumplen estos papeles y apenas destacándolos cuando evidencian encarar las fuerzas masculinas de dominio casi en los mismos términos. Y eso no es simplemente justo.
Cinco y medio y nada
La noticia ha aparecido como una curiosidad hace unos días y acaso alguien haya reparado seriamente en ella. El celebérrimo motel Cinco y medio, ubicado en el kilómetro homónimo de la carretera central, en Ate, Lima, cede sus instalaciones definitivamente a lo que en breve será un aséptico laboratorio. La Corporación Medifarma ha comprado sus 7,000 m2, esos que alguna vez (muchas veces) fueron marcos del amor carnal de miles de amantes.
Motel escondido, lejano en su época, presto para las escondidas que demandaba el querer de las parejas, el Cinco y medio pasó con los años a ser una suerte de burdel, pues acaso no hacía falta ir sin mujer porque las prostitutas hicieron del lugar su plaza.
Pero en abril, y sin tanto aspaviento, su dueño cerró sus puertas sin avisar ni a parroquianos ni a meretrices. Y sólo el boca en boca, el comentario común, el chisme suelto, fue poniendo en alerta su cese definitivo de más de cuatro décadas, hasta que alguna prensa bohemia se dio por enterada y algunos inversionistas le pusieron el ojo no necesariamente para ahondar en el mismo rubro.
Y es porque ese rubro ya no es el mismo rubro. O sea, el amor ha cambiado. Y el negocio del amor también. La sexualidad masculina ha superado bastante el rito de la iniciación con prostitutas. Las mujeres pueden evidenciar y demostrar sus afectos físicos con más apertura. Las parejas ya no necesitan del secreto para sus encuentros.
Los moteles caleta pueden ir cerrando sus puertas de a pocos como ha ocurrido con el cine porno. Como a éstos los desplaza el video en casa, a aquéllos los reacomoda la emergencia de hoteles de dos estrellas y otras subespecies. Una fuente de la Dirección de Comercio Exterior, Turismo y Artesanía Lambayeque me adelanta al teléfono que en sus predios hay unos 200 alojamientos o más de los cuales apenas 40 están oficialmente registrados. De hecho, me aclara, los últimos cinco años su crecimiento experimentó un boom sobre todo en los de tamaño pequeño.
El folklore urbano –machista además– celebra la existencia de sus espacios para el goce de los cuerpos. De siempre. Unos frisos en Pompeya hallados hace unos años, ya daban cuenta de eso. Como hoteles o burdeles (cada ciudad tiene los suyos: Tamarindo en Chiclayo, El Milagro en Trujillo), pasan a ser parte de su patrimonio oculto, de ése que se comenta a media voz, en broma, en conversaciones cerradas. Pocos, la verdad, se animan a retratarlos en una dimensión más objetiva. Acaso haría falta, antes de que los nuevos tiempos los sepulten del todo.
Motel escondido, lejano en su época, presto para las escondidas que demandaba el querer de las parejas, el Cinco y medio pasó con los años a ser una suerte de burdel, pues acaso no hacía falta ir sin mujer porque las prostitutas hicieron del lugar su plaza.
Pero en abril, y sin tanto aspaviento, su dueño cerró sus puertas sin avisar ni a parroquianos ni a meretrices. Y sólo el boca en boca, el comentario común, el chisme suelto, fue poniendo en alerta su cese definitivo de más de cuatro décadas, hasta que alguna prensa bohemia se dio por enterada y algunos inversionistas le pusieron el ojo no necesariamente para ahondar en el mismo rubro.
Y es porque ese rubro ya no es el mismo rubro. O sea, el amor ha cambiado. Y el negocio del amor también. La sexualidad masculina ha superado bastante el rito de la iniciación con prostitutas. Las mujeres pueden evidenciar y demostrar sus afectos físicos con más apertura. Las parejas ya no necesitan del secreto para sus encuentros.
Los moteles caleta pueden ir cerrando sus puertas de a pocos como ha ocurrido con el cine porno. Como a éstos los desplaza el video en casa, a aquéllos los reacomoda la emergencia de hoteles de dos estrellas y otras subespecies. Una fuente de la Dirección de Comercio Exterior, Turismo y Artesanía Lambayeque me adelanta al teléfono que en sus predios hay unos 200 alojamientos o más de los cuales apenas 40 están oficialmente registrados. De hecho, me aclara, los últimos cinco años su crecimiento experimentó un boom sobre todo en los de tamaño pequeño.
El folklore urbano –machista además– celebra la existencia de sus espacios para el goce de los cuerpos. De siempre. Unos frisos en Pompeya hallados hace unos años, ya daban cuenta de eso. Como hoteles o burdeles (cada ciudad tiene los suyos: Tamarindo en Chiclayo, El Milagro en Trujillo), pasan a ser parte de su patrimonio oculto, de ése que se comenta a media voz, en broma, en conversaciones cerradas. Pocos, la verdad, se animan a retratarlos en una dimensión más objetiva. Acaso haría falta, antes de que los nuevos tiempos los sepulten del todo.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
¿Te atrasa la tecnología?
No sé si a la mayoría pero a mí la tecnología todavía me deja con la boca abierta. Más que por lo que logra, por la velocidad con que se superpone. Anécdota: hace un mes me compre un mp3 para escuchar música mientras hago footing por las mañanas. Un alumno me lo ve mientras cargo su batería en la lab top en horas de oficina. Se burla de mí, me dice que ya salió el mp4 y que también el ipod. Moraleja: en la escala alimenticia de la tecnología estoy tres escalones abajo.
Los jóvenes viven la tecnología y no se sorprenden con ella ni con sus cambios. Se los he dicho en un discurso. La generación de los 20 años y los 25 han nacido en plena época de la PC y sus hermanos menores han hecho sus tareas escolares con la ayuda de la Internet. Para ellos la TV siempre ha sido a colores, ver cine se ve mejor en casa en DVD (y acaso les suene a algo remoto Betamax o Betascam). Pero esa vorágine alcanza conceptos: para ellos la guerra entre los países de la Europa Oriental es un exabrupto, un rezago de violencia aislada como les parece la de Medio Oriente, porque no recuerdan que hace poquito nomás Montenegro, un país pequeño al lado de Serbia y Yugoslavia, hace poquito era Serbia y Montenegro (todo junto) y antes ambas hoy naciones separadas eran parte de Yugoslavia.
Para los jóvenes el mundo es hoy. Y este hoy nunca fue distinto que un ayer que no percibieron en su transición hacia ser otro tiempo. Pero lo fue. Y lo fue con una línea divisoria que 25 años antes de que nacieran se podía palpar casi con las manos. La TV emergió hace 50 años en el Perú y reubicó a la radio y a la prensa, y 20 años después llegó la computadora, unos años antes de que mis alumnos nacieran. Los mayores decimos esto con apasionamiento, porque en tanto mayor eres tienes mejor sentido de la nostalgia… y además mejor capacidad para mirar incluso mucho más atrás de tu tiempo.
La renovación de la tecnología y sus procesos nos dejan perplejos porque se superponen de un modo que ha superado cualquier velocidad de adaptación antes conocida (y les hablo de velocidades físicas como los 5km/h que el hombre caminando a superado con los 20km/h de la bicicleta y así llegar a los 400km/h de un súper tren japonés a los 2000 km/h de los aviones de combate).
A los jóvenes les insto a que reparen en los cambios y que lean más allá de lo tecnológico: en las conceptualizaciones del mundo. Hoy el derecho no sólo es comercial o tributario; es también indígena y de grupos minoritarios; la administración de empresas y los negocios evalúan los recursos ambientales como factor generador de divisas sostenibles; las comunicaciones no son sólo periodismo, sino ahora periodismo participativo; el cine se vuelve cine social… Mirar con o sin nostalgia y entender que la ruedita del Ipod se mueve mientras todo el mundo se mueve.
Los jóvenes viven la tecnología y no se sorprenden con ella ni con sus cambios. Se los he dicho en un discurso. La generación de los 20 años y los 25 han nacido en plena época de la PC y sus hermanos menores han hecho sus tareas escolares con la ayuda de la Internet. Para ellos la TV siempre ha sido a colores, ver cine se ve mejor en casa en DVD (y acaso les suene a algo remoto Betamax o Betascam). Pero esa vorágine alcanza conceptos: para ellos la guerra entre los países de la Europa Oriental es un exabrupto, un rezago de violencia aislada como les parece la de Medio Oriente, porque no recuerdan que hace poquito nomás Montenegro, un país pequeño al lado de Serbia y Yugoslavia, hace poquito era Serbia y Montenegro (todo junto) y antes ambas hoy naciones separadas eran parte de Yugoslavia.
Para los jóvenes el mundo es hoy. Y este hoy nunca fue distinto que un ayer que no percibieron en su transición hacia ser otro tiempo. Pero lo fue. Y lo fue con una línea divisoria que 25 años antes de que nacieran se podía palpar casi con las manos. La TV emergió hace 50 años en el Perú y reubicó a la radio y a la prensa, y 20 años después llegó la computadora, unos años antes de que mis alumnos nacieran. Los mayores decimos esto con apasionamiento, porque en tanto mayor eres tienes mejor sentido de la nostalgia… y además mejor capacidad para mirar incluso mucho más atrás de tu tiempo.
La renovación de la tecnología y sus procesos nos dejan perplejos porque se superponen de un modo que ha superado cualquier velocidad de adaptación antes conocida (y les hablo de velocidades físicas como los 5km/h que el hombre caminando a superado con los 20km/h de la bicicleta y así llegar a los 400km/h de un súper tren japonés a los 2000 km/h de los aviones de combate).
A los jóvenes les insto a que reparen en los cambios y que lean más allá de lo tecnológico: en las conceptualizaciones del mundo. Hoy el derecho no sólo es comercial o tributario; es también indígena y de grupos minoritarios; la administración de empresas y los negocios evalúan los recursos ambientales como factor generador de divisas sostenibles; las comunicaciones no son sólo periodismo, sino ahora periodismo participativo; el cine se vuelve cine social… Mirar con o sin nostalgia y entender que la ruedita del Ipod se mueve mientras todo el mundo se mueve.
Sexo, pudor y lágrimas
No hay ninguna ninguna presión de última hora para la reunión sosegada que el miércoles sostuviéramos un grupo de directivos de la casa superior de estudios en que trabajo y la coordinadora regional del Programa nacional contra la violencia familiar y sexual. Pero la cita no era menos urgente: hay una cotidianidad tan “familiar” en el maltrato hacia la mujer (y con ello sus alcances a todo el hogar y la sociedad) que se debe de veras tomarse acciones.
El programa en cuestión es uno de los brazos operativos del MINDES, con una preocupación y unas metas específicas como el diseño de un Plan nacional contra la violencia hacia la mujer 2008-2011. Para el emponderamiento del tema y desarrollar actividades específicas como una campaña de sensibilización masiva y la ejecución de investigaciones que expongan esta realidad en sus múltiples aristas, Angélica Musayón, coordinadora en Lambayeque, no duda en tocar puertas como las de la academia.
De hecho, no somos la primera universidad que la recibe. La UDCH ya tiene algún trabajo sostenido y trasversal en sus planes de trabajo por facultades con resultados diversos. Y en la UNPRG una primera investigación de post grado asumida tras un taller de sensibilización, da sus primeros frutos expositivos.
La preocupación de Musayón sobre entender la violencia familiar con un enfoque de género busca además integrar a profesionales de la salud, de la policía por su contacto directo con esta realidad. Y es compartida con la mesa que reúne a expertos docentes, psicólogos, comunicadores y abogados. Los reportes nacionales sobre violencia hacia la mujer denuncian un in crescendo del 30% sostenido anualmente, pero –alguien hace ver en la reunión- puede ser que ahora sólo se esté visibilizando más realmente. Pero de hecho ya es bastante que de cada 10 mujeres ocho experimenten algún tipo de violencia.
Guillermo Segura, coordinador de investigaciones de derecho de la USS, nos da una clase de historia: en alguna época, la iglesia pactó con el estado para que éste lo reglamentara todo excepto el hogar, que quedaba en manos de aquélla. Eso ha arrastrado históricamente la ausencia de lo que podría ser un código familiar que faculte a la ley entrar a cada casa y cada familia; legalmente el robo no existe al interior de los integrantes de una familia viviendo bajo un mismo techo.
El tema, marca nuestra invitada, no puede ser solo importante para el colectivo femenino. Las consecuencias de los problemas basados en género afectan también a los hombres. Por ejemplo, en una relación básica simple, si un hombre impide que la mujer trabaje fuera de casa por cuestiones machistas, acarrea que él deba laborar más, lo que afectará por ende su salud y su esperanza de vida; otra vez las estadísticas son objetivas: hay más viudas que viudos en la tercera edad. Todos sufriendo por aquello que sí se puede evitar.
El programa en cuestión es uno de los brazos operativos del MINDES, con una preocupación y unas metas específicas como el diseño de un Plan nacional contra la violencia hacia la mujer 2008-2011. Para el emponderamiento del tema y desarrollar actividades específicas como una campaña de sensibilización masiva y la ejecución de investigaciones que expongan esta realidad en sus múltiples aristas, Angélica Musayón, coordinadora en Lambayeque, no duda en tocar puertas como las de la academia.
De hecho, no somos la primera universidad que la recibe. La UDCH ya tiene algún trabajo sostenido y trasversal en sus planes de trabajo por facultades con resultados diversos. Y en la UNPRG una primera investigación de post grado asumida tras un taller de sensibilización, da sus primeros frutos expositivos.
La preocupación de Musayón sobre entender la violencia familiar con un enfoque de género busca además integrar a profesionales de la salud, de la policía por su contacto directo con esta realidad. Y es compartida con la mesa que reúne a expertos docentes, psicólogos, comunicadores y abogados. Los reportes nacionales sobre violencia hacia la mujer denuncian un in crescendo del 30% sostenido anualmente, pero –alguien hace ver en la reunión- puede ser que ahora sólo se esté visibilizando más realmente. Pero de hecho ya es bastante que de cada 10 mujeres ocho experimenten algún tipo de violencia.
Guillermo Segura, coordinador de investigaciones de derecho de la USS, nos da una clase de historia: en alguna época, la iglesia pactó con el estado para que éste lo reglamentara todo excepto el hogar, que quedaba en manos de aquélla. Eso ha arrastrado históricamente la ausencia de lo que podría ser un código familiar que faculte a la ley entrar a cada casa y cada familia; legalmente el robo no existe al interior de los integrantes de una familia viviendo bajo un mismo techo.
El tema, marca nuestra invitada, no puede ser solo importante para el colectivo femenino. Las consecuencias de los problemas basados en género afectan también a los hombres. Por ejemplo, en una relación básica simple, si un hombre impide que la mujer trabaje fuera de casa por cuestiones machistas, acarrea que él deba laborar más, lo que afectará por ende su salud y su esperanza de vida; otra vez las estadísticas son objetivas: hay más viudas que viudos en la tercera edad. Todos sufriendo por aquello que sí se puede evitar.
jueves, 21 de agosto de 2008
Política y distancias de discurso (II)
Los políticos del Legislativo son también propensos a alejarse de sus palabras, comprometidas en campaña a favor del pueblo -al que se suponen representarán y defenderán en sus intereses más elevados- y pasarse sueltos de huesos muy rápido al otro lado de la orilla.
En sus apremios personalísimos, no pocas veces, rayan lo ilegal: un informe de la propia comisión de ética del Congreso de la República del Perú hecho público hace una semana anunció que el 52% de los parlamentarios cargaba sobre sus espaldas denuncias por ilícitos.
En total 63 padres y madres de la patria con estos procesos, engrosan 105 expedientes, para 111 denuncias, indeterminadas horas de trabajo en sus investigaciones, harta plata en tramitación que también sale de nuestros bolsillos y mucha indignación nacional que luego se traduce a desconfianzas alarmantes ante el congreso de acuerdo a todos los reportes de opinión de los últimos cinco años sobre le tema.
Los congresistas peruanos han hecho célebres desde frases como “por los viejitos” que sirve de caballito de batalla pero luego olvidan con sutileza, a esa traición verbal del subconsciente que fue el “por Dios y por la plata”. Pero las más de las veces ni esos folclorismos los delata como las contundencias de sus ilícitos de estos últimos meses.
De más reciente a más antiguo, todo el país ha acudido al desparpajo con el que Carlos Torres Caro le recomienda a Gustavo Espinoza que "antes que el país tiene que estar el bienestar tuyo" a sazón de una componenda para apoyar una mesa directiva; la evidencia también en audio de Margarita Sucari, recortándole el sueldo a una trabajadora para supuestamente favorecer a otros asesores; los papeles de contratación para la pareja sentimental de Yaneth Cajahuanca; y etecéteras que suman otros parlamentarios que todo el país reconoce al menos como sinónimos de viveza en Tula Benites, Elsa Canchaya…
Defensoría del Pueblo iniciará en breve una campaña ciudadana que reforzará la lucha anticorrupción y que operará en cinco regiones del país. Hay herramientas –tecnológicas, documentales- para denunciar no sólo a políticos y funcionarios ahora más que nunca, pero hace falta que se señale a los que se aprovechan desde cualquier espectro del Estado para ellos y no para el común. De eso se trata. No de dar la espalda. Porque, “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”, de acuerdo a Joan Baez.
En sus apremios personalísimos, no pocas veces, rayan lo ilegal: un informe de la propia comisión de ética del Congreso de la República del Perú hecho público hace una semana anunció que el 52% de los parlamentarios cargaba sobre sus espaldas denuncias por ilícitos.
En total 63 padres y madres de la patria con estos procesos, engrosan 105 expedientes, para 111 denuncias, indeterminadas horas de trabajo en sus investigaciones, harta plata en tramitación que también sale de nuestros bolsillos y mucha indignación nacional que luego se traduce a desconfianzas alarmantes ante el congreso de acuerdo a todos los reportes de opinión de los últimos cinco años sobre le tema.
Los congresistas peruanos han hecho célebres desde frases como “por los viejitos” que sirve de caballito de batalla pero luego olvidan con sutileza, a esa traición verbal del subconsciente que fue el “por Dios y por la plata”. Pero las más de las veces ni esos folclorismos los delata como las contundencias de sus ilícitos de estos últimos meses.
De más reciente a más antiguo, todo el país ha acudido al desparpajo con el que Carlos Torres Caro le recomienda a Gustavo Espinoza que "antes que el país tiene que estar el bienestar tuyo" a sazón de una componenda para apoyar una mesa directiva; la evidencia también en audio de Margarita Sucari, recortándole el sueldo a una trabajadora para supuestamente favorecer a otros asesores; los papeles de contratación para la pareja sentimental de Yaneth Cajahuanca; y etecéteras que suman otros parlamentarios que todo el país reconoce al menos como sinónimos de viveza en Tula Benites, Elsa Canchaya…
Defensoría del Pueblo iniciará en breve una campaña ciudadana que reforzará la lucha anticorrupción y que operará en cinco regiones del país. Hay herramientas –tecnológicas, documentales- para denunciar no sólo a políticos y funcionarios ahora más que nunca, pero hace falta que se señale a los que se aprovechan desde cualquier espectro del Estado para ellos y no para el común. De eso se trata. No de dar la espalda. Porque, “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”, de acuerdo a Joan Baez.
martes, 12 de agosto de 2008
Política y distancias de discurso (I)
Aunque sí debiera indignarnos, en el Perú no debe sorprender tanto que los políticos en funciones se muestren precisamente en la práctica, distantes de sus discursos de campaña y promesas, a veces incluso en contraposición absoluta de lo que como conducta honesta se espere de ellos.
Por eso que Lourdes Flores, candidata del capitalismo progresista, haya llamado en rebote al ahora mandatario “Presidente de los ricos”, es comprensible para entender a quien ya una vez, entre 1985 y 1990, se metiera sus palabras de candidato al bolsillo para pedir estatizar la banca entre otras perlas. Hoy, un APRA bien capitalista parece la sombra de lo que Haya delineara como ideología marco hace más de 50 años.
Antes y después de García otros gobernantes se habían alejado de sus discursos previos al sillón presidencial. Recordemos solamente estos electos por voto popular: cuatro veces mandatario, Ramón Castilla y Marquesaza, tuvo que tragarse los sapos y culebras que supuso la sorpresa de una nueva Constitución (1956) y que desató tremenda guerra civil de dos años.
En su gobierno de 1868 a 1872, José Balta permitió que su ministro de hacienda, Nicolás de Piérola, entregara la explotación del guano de las islas a la casa judio-británica Dreyfus, y despertó con ello las iras de los oligarcas limeños. Balta fue populista, con la plata levantó obras de grata recordación, pero dejó un forado de reendeudamientos con sus concesionarios que la historia no sabe perdonar.
Manuel Prado y Lavalle hereda en 1872 una economía endeble que, una vez más en la historia de los mandatarios elegidos, le hace ir contra sus el rigor de la palabra empeñada y establece estancos al salitre que termina tiempo después estatizando porque de todas maneras la plata aún no alcanza a la hacienda pública.
La historia se divide para certificar si Mariano Ignacio Prado Ochoa para su tercer gobierno que iniciara en 1876 se fuera a Europa con un botín dizque a comprar armas en 1879 para la Guerra del Pacífico, avivada y asumida por él, dejando presidente interino y regresando sólo cuando los fuegos de la confrontación habían cesado.
Y ya conocemos el caso de Fujimori porque es historia reciente; de entrada en su primera elección, en 1990, no demoró nada en desdecirse de sus promesas electorales para embestir con su famoso y malhadado Fujishock, un remezón a la economía cuya fórmula había “tomado prestado” de su rival de justas, Mario Vargas Llosa, a quien fustigó con un catastrofismo que hizo cambiar nada menos que el curso de una historia que parecía cantada…
Por eso que Lourdes Flores, candidata del capitalismo progresista, haya llamado en rebote al ahora mandatario “Presidente de los ricos”, es comprensible para entender a quien ya una vez, entre 1985 y 1990, se metiera sus palabras de candidato al bolsillo para pedir estatizar la banca entre otras perlas. Hoy, un APRA bien capitalista parece la sombra de lo que Haya delineara como ideología marco hace más de 50 años.
Antes y después de García otros gobernantes se habían alejado de sus discursos previos al sillón presidencial. Recordemos solamente estos electos por voto popular: cuatro veces mandatario, Ramón Castilla y Marquesaza, tuvo que tragarse los sapos y culebras que supuso la sorpresa de una nueva Constitución (1956) y que desató tremenda guerra civil de dos años.
En su gobierno de 1868 a 1872, José Balta permitió que su ministro de hacienda, Nicolás de Piérola, entregara la explotación del guano de las islas a la casa judio-británica Dreyfus, y despertó con ello las iras de los oligarcas limeños. Balta fue populista, con la plata levantó obras de grata recordación, pero dejó un forado de reendeudamientos con sus concesionarios que la historia no sabe perdonar.
Manuel Prado y Lavalle hereda en 1872 una economía endeble que, una vez más en la historia de los mandatarios elegidos, le hace ir contra sus el rigor de la palabra empeñada y establece estancos al salitre que termina tiempo después estatizando porque de todas maneras la plata aún no alcanza a la hacienda pública.
La historia se divide para certificar si Mariano Ignacio Prado Ochoa para su tercer gobierno que iniciara en 1876 se fuera a Europa con un botín dizque a comprar armas en 1879 para la Guerra del Pacífico, avivada y asumida por él, dejando presidente interino y regresando sólo cuando los fuegos de la confrontación habían cesado.
Y ya conocemos el caso de Fujimori porque es historia reciente; de entrada en su primera elección, en 1990, no demoró nada en desdecirse de sus promesas electorales para embestir con su famoso y malhadado Fujishock, un remezón a la economía cuya fórmula había “tomado prestado” de su rival de justas, Mario Vargas Llosa, a quien fustigó con un catastrofismo que hizo cambiar nada menos que el curso de una historia que parecía cantada…
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